Finalmente México, Canadá y Estados Unidos llegaron a negociar su rol dentro del TLCAN, NAFTA, o como quiera llamársele a uno de los acuerdos comerciales más ambiciosos que existen hoy en día en el planeta. Ambicioso por el área territorial que abarca. Ambicioso porque va dirigido a un amplio número de pobladores. Recuerdo haber estado aún cursando la primaria cuando terminaban las negociaciones iniciales para formar parte de aquel Tratado comercial que dista mucho de lo que es hoy en día. Conocer todo el contenido del TLCAN es sólo para verdaderos estudiosos del tema y para los directamente involucrados. Recuerdo que mi papá compró, en aquella época, en la que yo cursaba primero de secundaria y en la que Carlos Salinas de Gortari era presidente de la República, algo parecido a un diccionario.
Ese librote contenía un resumen de los capítulos en los que se determinaban las bases de ese multianunciado y publicitado acuerdo comercial que provocaría numerosos cambios. Y eran ciertos. No quedaron en meras promesas. Lo que parecía sumamente lejano, paulatinamente fue convirtiéndose en realidad. Los productos provenientes de los países vecinos del norte, fueron ocupando espacios en el supermercado. Juguetes, artículos deportivos, ropa y otros tantos artículos de importación, fueron llenando los estantes. Restaurantes “gringos” fueron apoderándose de nuestros paladares. Los mexicanos tendríamos que “aplicarnos” para aprender el inglés, no sólo para turistear.
Los cambios resultarían interesantes pero implicarían, además, sacrificar algunas cuestiones, a cambio de obtener beneficios. No todo sería “ganar – ganar”. La mano de obra mexicana, más barata e inexperta en ciertas áreas, tuvo que forzarse a ser más competitiva. Aun cuando posterior a la firma del tratado original, hubo revisiones a los términos del TLC, lo cierto es que, hasta la llegada del actual presidente estadounidense, tocó el turno de una renegociación, si no más minuciosa, sí más exigente, al famoso tratado comercial que aparentemente, beneficiará más a los norteamericanos que a sus contrapartes; es decir, a los mexicanos y a los canadienses.
En esta última ocasión, las negociaciones se dieron en diferentes momentos entre mexicanos y norteamericanos y entre canadienses y norteamericanos, asumiendo que el socio comercial más importante es Estados Unidos de Norteamérica. Y aun cuando expertos y no conocedores prevean que tal país no cuente actualmente con una economía tan sólida, no puede dejar de negarse su liderazgo comercial.
Por más limitaciones y condiciones justas, solicitadas tanto por mexicanos como por canadienses, todo parece indicar que ambas naciones terminaron por “ceder” en varios rubros, al grado de que el presidente Trump se ha pavoneado en los medios internacionales, afirmando que México pagará por el muro fronterizo que tanto ha estado solicitando.
La realidad es que los mexicanos no sabemos a ciencia cierta qué beneficios o perjuicios nos traerá de ahora en adelante, la última negociación sobre los términos de este acuerdo comercial, que afortunadamente no ha significado el conformar una sola nación con una sola moneda y las mismas reglas comerciales para todos los implicados, como en el caso de la Unión Europea. En tal caso, supongo que los más desfavorecidos seríamos los mexicanos. Los canadienses, por su parte, tenían hasta el viernes para asumir las condiciones propuestas. Ya iremos descubriendo los términos de este acuerdo comercial.
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