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ECO DE LA ELECCIÓN DEL PAN

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Se cumple una semana de la elección de la dirigencia nacional del PAN. La indiferencia y apatía prevaleció dentro y fuera del instituto político. La cobertura noticiosa fue pobre, muy pobre. La candidata y candidato a dirigir los destinos de Acción Nacional se presentaron en contados espacios noticiosos. Ninguno de los dos, generaban entusiasmo a la grey panista y mucho menos a la ciudadanía.

Como de costumbre dentro de los partidos políticos en México, se presenta un candidato del “oficialismo” me refiero, al candidato de la dirigencia que manda y controla la estructura y que por supuesto, representan la mafia en el poder para cargar la elección a su lado, sin importar lo que quiera y crea la militancia.

Del otro lado, la oposición de siempre, expresada por discursos duros, en ocasiones críticos y auténticos, que recogen el sentir de mujeres y hombres que ven pasar los excesos de unos cuantos, para su propio beneficio en menoscabo del tan amado partido político. Los jóvenes, casi siempre dispuestos a ser parte de la cargada de la nomenclatura, a cambio de puestos de trabajo.

Discursos fríos y frívolos. En su mayoría sin contenido serio respecto a una sentida autocrítica de lo que hoy es el partido en el escenario nacional. El candidato del oficialismo, Jorge Romero, carente de liderazgo, de simpatía y, sobre todo, de arraigo. Expresa postulados simplistas, cómo, por ejemplo: “Renovarse o morir” “Somos el único partido que renovó su dirigencia, a través de su militancia……”.

¿Y eso qué? ¿En que ayuda o beneficia a su militancia o al mexicano en general? Renovarse o morir, que el PAN sea el único partido que la militancia haya renovado. ¿Cómo quieren renovarse, siendo los mismos que articulan las viejas prácticas que critican hacía a fuera, cuando las practican y llevan a acabo para obtener el poder adentro?

Vociferan a los cuatro vientos, que se renuevan, mientras todo sigue igual o peor aún. Lastimando más y más a su propia militancia que caya al ser testigos de malas prácticas, mientras que la sociedad observa más de lo mismo, indiferentes y sin interés alguno, de querer ser parte de un partido político, que es más de lo mismo, que los demás.

Mientras la candidata de la oposición, Adriana Dávila, sin chispa ni conexión alguna tanto dentro como fuera del partido, suavemente logra articular frases como: “que el piso no está parejo”, “que respeta a su compañero contrincante”. Al final de la contienda, declara que: “no estaba convencida de la legitimidad del proceso”.

¿Y? ¡Todo quedo igual! Pierde la militancia y ganan los “machucones” Esa mafia que domina y controla el partido, su estructura y por supuesto, las ansiadas candidaturas locales y federales, que son repartidas a los incondicionales y amigos, amigas de siempre.  Ahí están los ejemplos claros de lo que critican fuera y hacen dentro: Marko Cortés y Ricardo Anaya Cortés.

Estos déspotas dirigentes del partido hacen y deshacen ante el contubernio de dirigencias estatales y municipales, que se comparten los territorios en lo local, ante la complicidad de liderazgos del pasado y del presente, pisoteando a la militancia domesticada a cambio de puestos en el propio partido o en los gobiernos municipales y estatales. Se ufanan de hablar de nepotismo en otros partidos e incluso, en otros poderes del Estado, cuando ellos son los primeros en practicar lo que critican.

Siguen tratando a la ciudadanía en general, como tarados que, según ellos, no se dan cuenta de malas prácticas y corrupción que critican de MORENA, PRI o MC, cuando el PAN hace lo mismo y todos son lo mismo. Solo cambia el color y los personajes. La sociedad está hoy más sola que nunca, ante la inmoral actuación de su clase política.

Insisto, es el momento de una nueva clase política que emerja de la sociedad y nunca más de los partidos políticos.

¿No cree usted?

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