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DR. GERARDO MACÍAS HERNÁNDEZ.

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Lo conocí hace ya varios años cuando necesité para alguna de mis hijas, un Doctor Ortopedista especializado en Pediatría… “es el mejor que hay en León”, fue la recomendación.

Cuando llegamos a consulta, allí estaba con la seriedad con la que se tomaba su papel de Doctor, con sus ojos pequeños que cuestionaban y observaban con cuidado todo,  su gran sabiduría, su inacabable amabilidad y su tímida sonrisa.

Nos hicimos amigos poco a poco, como empiezan las amistades que van a durar para siempre, gracias a muchos temas en común: la docencia, la investigación, el gusto por viajar.  Poco a poco, también, me dejó ir entreviendo el otro centro de su alma: la poesía.

Recuerdo mi sorpresa, ¿cómo una persona cuyo primer amor era lo exacto, lo científico, la investigación, lo comprobado y lógico de la Medicina, podía adentrar su ser en ése arte tan etéreo, mágico, sublime y emocional?  Pero así era, todo eso lo conjugaba él en su ser.   Tal vez, el punto en común era el respeto a las reglas, al ritmo, la cadencia, la armonía, la creatividad, la perfección del ser humano… al final, tanto la Medicina como la Poesía tienen eso, y ambas, son un arte.

La verdad, disfrutaba los días de consulta, por su vasta cultura, la plática amena, la sencillez con la que externaba sus sabios diagnósticos… aunque con la distancia debida: yo siempre le dije “Doctor” y él me trataba de “Sra. Mari”.

Otro de sus atractivos era su humildad, recuerdo que cuando descubrió que yo escribía y que me gustaba la poesía, me regaló su libro “La Poesía, un arte que agoniza”, así como si me diera otra receta más y se ofreció a corregirme mis primeros escritos que intentaban ser poemas.

Tenía un gran corazón, supe de sus muchas obras de beneficencia, cuando esperaba ahí en consulta, y había muchos a los que no les cobraba; así como, cuando Don Nacho, nuestro querido chofer, necesitó varias consultas y tratamientos, siempre lo apoyó haciéndole todo más accesible y tratándolo con todo el respeto y cuidado debido… si eso hizo con él, quien contaba con nuestro respaldo, no me imagino qué hacía con los demás.

Era justo, te cobraba la operación o la consulta, y cuando ibas a que revisara la sutura o la radiografía, ya no te volvía a cobrar.  Era de los doctores que ejercen por vocación, no por ganarse el “tantito más”.

Le encantaba enseñar, y platicaba entusiasmado anécdotas de sus alumnos.  Recuerdo que en algún momento quiso publicar sus artículos sobre Medicina en El Heraldo, para hacer accesible al público con consejos simples y útiles, sus vastos conocimientos y ¡se me hizo tan simpático y sencillo que me mandara sus escritos para ver qué me parecían! ¿Qué podía yo opinar sobre la eminencia en Ortopedia?

¡Platicaba, también,  de sus viajes tan amenamente condimentados por su  extensa cultura!

Al igual que te decía la verdad de las cosas, quisieras o no oírlas.  Me pasó que hace 16 años, quise correr un Maratón y fui a preguntarle qué me recomendaba para cuidar mi rodilla (la que me rompí hace 33 andando en moto), me dijo: “Señora, si forza esa rodilla para correr hoy, en el futuro va a batallar para caminar”.  Claro, que como mal paciente, fui a pedir otra opinión que me dijo lo que yo quería oír y corrí mi maratón.  Hoy batallo con mi rodilla y mucho.

¡Ah, y estaba en lo último en avances médicos! Recuerdo que hace 10 años, él me ofreció una inyección para el cartílago en mi rodilla, que hasta hoy, sólo otro doctor, en EUA, me la acaba de ofrecer… justo iba a pedirle consulta cuando supe de su atroz muerte.

¿Cómo es posible que una persona que salvó tantas vidas, que ayudó y transformó a tantos seres humanos, que trató tan amablemente a cualquiera que se cruzara por su camino, muera de esa forma tan inhumana? ¿Qué nos pasa, Dios mío?.

Querido Doctor, querido Gerardo, siento muchísimo tu muerte, me parece tan cruel que hayas muerto de esa forma… lamento que nadie haya estado ahí para darte unas palmaditas y decirte que no te preocuparas, que todo iba a estar bien… como lo hiciste tú con tantos pacientes.

Sólo quiero creer, que la Virgen te arropó con su manto y que los ángeles que te acompañaron siempre que ayudaste a los demás, te hayan llevado tan rápido con Dios, que te hayan evitado todo el sufrimiento… así como tú, querido Médico, hiciste con todos nosotros.

Con todo mi cariño y consternación:

MARI AGUADO DE CUADRA.

Una paciente agradecida.

P.D.  Si una excelente persona como el Dr. Gerardo Macías puede ser baleado en nuestro querido León, Guanajuato, a plena luz del día, algo debe estar muy mal.

desdemihogar@hotmail.es

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