Puede ser que ya haya quedado claro e incluso puede ser que ya lo haya repetido hasta el cansancio, el caso es que me encanta la festividad del Día de Muertos y es que es todo, lo fresco del ambiente, el aire otoñal y especialmente la atmósfera que se empieza a sentir, esa que no sé cómo explicar pero que disfruto a tope.
Desde que estaba chiquita disfrutaba de hacer día de muertos en la escuela, en la primaría siempre participaba en su realización, en la secundaria hacía lo propio y en la preparatoria solía abogar porque mi grupo participara en el concurso de altares que se hacía cada año e incluso organicé una exhibición de altares en mi comunidad, digo esto no por presumir, sino para mostrar que en realidad sí me vuelve un poco loca de emoción ésta festividad.
Para los mexicanos la muerte se ve de una manera especial que puede alarmar o cautivar a los extranjeros, a mi me ha tocado más bien cautivar a uno que otro cuando les explico lo que realmente significa para nosotros pues más que un “culto” a la muerte o una “falta de respeto” todo se centra en la esperanza y quizá hasta un poco en la aceptación; igual seguimos sintiendo miedo de enfrentarnos a un destino desconocido, igual seguimos extrañando a las personas que queremos y se van de este mundo terrenal, pero contamos con la esperanza de tener un día para volver a sentirlos cerca, para que puedan probar lo que tanto les gustaba, para que puedan estar de nuevo con nosotros. El día de muertos nos acerca a nuestros antepasados, los aleja del olvido.
Para nuestros antepasados prehispánicos el concepto de la muerte era diferente, para ellos era una transición, un viaje hacía otro mundo y dicha creencia posterior a la conquista se modificó resultando lo que ahora conocemos y que nos hace únicos respecto a otros países.
El día de muertos también queda cerca de la obtención de la cosecha de muchos productos, más palpable para nuestros antepasados que para nosotros que con tanta tecnología manipulamos un poco la siembra, no obstante, para ellos era también una oportunidad de compartir lo que había y agradecer lo que se había obtenido ofrendando un poco a sus dioses, no en vano en uno de los altares tradicionales se incluyen semillas de frijol, maíz y demás como parte de las ofrendas.
Es por todo lo anterior y más que me gustaría insistir en que debemos conservar ésta tradición por mucho tiempo más, porque es parte de nuestra esencia como mexicanos y nos da esa tan mencionada esperanza de sentirnos cerca de quienes ya se fueron, ese día se les permite volver a visitarnos, ese día podemos volver a estar juntos ¡no podemos desaprovecharlo!
Hagan sus altares, de forma tradicional o como lo deseen, preparen esa comida que tanto le gustaba a sus seres queridos, reúnanse en familia, disfruten de la comida, disfruten de las anécdotas, de las risas, pongan flores en casa, lleven flores a las tumbas si así lo desean, coman pan de muerto, intercambien calaveritas de azúcar con su nombre, disfrácense de catrinas y catrines, hagan las clásicas calaveritas en verso, disfruten mucho y continuemos con esta fiesta, con ese ambiente festivo y reflexivo que solo como mexicanos podemos entender pero que nos encanta compartir.
Por: Magnolia Flores Tapia
