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DETECTIVES DE ANTAÑO

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Las películas y las novelas que tienen como protagonistas a detectives privados en los años treinta y cuarenta son todo un clásico. Su imagen, popularizada gracias al escritor Raymond Chandler y al actor Humphrey Bogart, ha quedado plasmada en la cultura popular: el investigador privado escuchando jazz, vestido con una gabardina y usando sombrero fedora es todo un ícono de los libros y la pantalla grande en Estados Unidos e Inglaterra.

Pero… ¿Qué ocurría en México en aquellos años? ¿Cuánto hay de ficción y realidad sobre el investigador privado y el agente del servicio secreto?

Al respecto, podemos consultar dos interesantes libros: uno es “Historia nacional de la infamia: crimen, verdad y justicia en México”, escrito por Pablo Piccato y publicado por el CIDE, y otro, “Mi abuelo fue agente secreto” de José Montelongo, donde se cuenta la vida de Jesús Galindo, uno de los más importantes detectives de México, y que mencionamos la semana pasada en esta columna, pues fue quien investigó y resolvió el caso del robachicos y el niño Bohigas.

INVESTIGADORES PRIVADOS

Según cuenta el historiador Pablo Piccato, a partir de los años veinte en México surgió un interés por la labor del detective privado. Como no era un trabajo regulado, no faltaban los investigadores aficionados y autodidactas. Incluso, había cursos por correspondencia que, además de expedir certificados, ofrecían lupas y gorritas de Sherlock Holmes.

El autor informa que no sería sino hasta 1948 que Miguel Alemán decretaría leyes para investigadores y detectives privados, que ordenaba a estos pedir autorización a la Procuraduría General de Justicia.

“Lo que vendían no era tanto sus habilidades técnicas, sino más bien su capacidad para adentrarse en los bajos fondos”, escribe Pablo Picatto.

Hoy en día, la imagen del detective privado, ese que camina bajo la lluvia ritmo de una rola de Charlie Parker, es más que nostálgico, mítico. Por otro lado, había quienes trabajaban de manera formal. Uno de ellos fue memorable.

TODO UN PERSONAJE

Jesús Galindo fue un detective mexicano que tuvo su mayor época de actividad en la Ciudad de México de los años cuarenta. Nació en Zapopan, Jalisco, en 1902. Durante su adolescencia quiso ir a buscar fortuna a los Estados Unidos, pero regresó en 1924. El libro escrito por el nieto de Galindo mezcla crónica, memoria y ficción. Centrémonos en los hechos.

Como parte de una misión secreta, llevó armas a Álvaro Obregón durante la rebelión de Adolfo de la Huerta. Tanto impresionó al “Manco de Celaya” que lo quiso entre sus filas como militar, pero la vida castrense no era lo suyo, y se dio de baja.

Lo suyo era ser agente del servicio secreto. De modo que ascendió poco a poco hasta dedicarse a resolver crímenes en la naciente ciudad de México de los años cuarenta. Vestido con su traje, su sombrero, y ocultando su pistola en su sobaquera, comenzó a investigar el delito en la ahora CDMX.

Entre su amplio currículum, destaca ser uno de los agentes infiltrados que cuidaba a Lázaro Cárdenas durante su último año de gobierno, pues era evidente que al decretar la expropiación se ganó muchísimos enemigos. Fue el que recuperó al niño Fernandito Bohigas.

Galindo murió en 1988. Respecto al oficio de su abuelo, su nieto José Montelongo escribe: “uno va por la vida esperando no toparse con criminales, pero los detectives de policía van buscando exactamente lo contrario”.

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