Cuando se habla del polémico tema de los asesinos en serie, los años setenta destacan por encima de todo. Aquellos tiempos de los grandes cambios sociales y de la música disco fueron el escenario perfecto para que nombres como Ted Bundy, El Hijo de Sam o John Wayne Gacy cometieran los más atroces crímenes… sin embargo, la plaga de los “serial killers” ha existido cualquier periodo histórico. A veces, en tiempos y lugares tan inusitados como Londres durante los bombardeos nazis en la Segunda Guerra Mundial.

El nombre de este asesino fue Gordon Cummins, y se le apodó “The Blackout Ripper”, “El Destripador del apagón”.

Corría el año 1942 y la Segunda Guerra Mundial se encontraba a todo lo que daba. Los nazis no daban tregua a los aliados, e Inglaterra se mantenía firme con el recio mando de Winston Churchill. Un momento de especial tensión para los londinenses fueron los bombardeos de los aviones alemanes de la Luftwaffe.

Para evitar que Londres quedase destrozada por la eficaz y mortífera fuerza nazi, los británicos pintaban los techos de negro y durante la noche las autoridades ordenaban llevar a cabo un apagón. De esta forma, los pilotos no ubicarían ni las casas ni las calles. Parecía que estarían seguros, pero ese fue el escenario para que Cummins cometiera sus cobardes crímenes, aprovechándose de la guerra.

SOLDADO NADA EJEMPLAR

Gordon Frederick Cummins nació el 18 de febrero de 1914. Era disperso y no duraba en sus trabajos, renunciando de manera constante. Además le gustaba mentir a sus conocidos jurando que pertenecía a la aristocracia. Para su fortuna, encontró una motivación uniéndose a la Fuerza Aérea en 1936. Sin embargo, su auténtica vocación no era el ejército, sino volverse un asesino en serie.

Aunque años después se le vinculó con varias muertes, la primera comenzó el 9 de febrero de 1942, con el feminicidio de Evelyn Hamilton. El cuerpo fue encontrado en un refugio antiaéreo. Al principio, la policía pensó que era un caso aislado. Pero después, conforme había más apagones, hubo más muertes. Todas horribles.

Al día siguiente, se encontró el cuerpo de Evelyn Oatley, trabajadora sexual a quien mutiló y estranguló con un abrelatas. La tercera víctima fue Margaret Lowe, a quien el 11 de febrero se encontró estrangulada con una media de seda. El cuerpo fue ultrajado con una variedad de armas blancas. El 12 de febrero se encontró el cuerpo de Doris Joaunet, mujer casada a la que ahorcó con una bufanda y mutiló con un cuchillo. La sociedad londinense estaba aterrada, pues era inevitable relacionar el caso con el de Jack el Destripador.

Entonces, cometió un error que sería fatal. Ese en el que incurren todos los delincuentes como él.

Para ocultar su identidad, Cummins solía usar una máscara antigás que le dieron en las fuerzas armadas. La noche del 24 de febrero, mientras intentaba atacar a una mujer de nombre Greta Hayward en Picadilly Circus, se distrajo cuando pasaba un niño, lo que le dio la oportunidad a la mujer de jalarle la máscara y quitársela. La policía se dio cuenta que tenía un número: 525987. ¡El de pase de lista durante la formación en el ejército!

Durante el juicio el asesino en serie se mostró completamente cínico y seguro de sí mismo. Aseguraba ser inocente, o en el peor de los casos, estar borracho cuando ocurrieron los feminicidios y por tanto, no recordar nada. Pero a diferencia de otros criminales de su calaña, que serían más meticulosos al momento de matar, Cummins era bastante torpe y nada meticuloso: dejó huellas dactilares a diestra y siniestra, lo que facilitó a Scotland Yard y al destacado forense Bernard Spilsbury, encontrar pruebas suficientes.

Cummins fue ejecutado en la horca el 25 de junio de 1942. Dejó este mundo en en una escena digna de justicia poética, pues justo cuando agonizaba con la cuerda atada a su cuello, ocurría un bombardeo alemán.

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