Será el sereno.
Don Ramiro caminaba con toda la decisión y firmeza que le permitían sus piernas. Era un hombre robusto como gruesos eran los vidrios de sus gafas, que se posaban sobre una nariz enorme. Una mancha sobre el bolsillo derecho de su guayabera delataba que había desayunado chocolate y pan dulce; sus mocasines cómodos y con borlas eran señal inequívoca de que tenía ya varios años jubilado. Por fin se detuvo frente a un letrero enorme que leía “Atención a clientes” y la frase “nuestros clientes son lo más importante”, con letras más pequeñas debajo.
— ¡Será el sereno! Pero yo seguí el instructivo a pie juntillas y el cachivache ese no funcionó. En eso llega el fantoche de mi nieto y lo echa a andar en un santiamén. ¡Y yo ahí con cara de jumento! ¡Qué fácil de usar ni qué ocho cuartos! — vociferó el anciano mientras depositaba en el mostrador, cual pisapapeles, un teléfono inteligente de última generación. — ¡Me regresa mi dinero o me da algo que pueda usar la gente decente!
Del otro lado del mostrador se encontraba el encargado del turno vespertino en el módulo de atención a clientes. Era un joven delgado, con marcas de acné en la cara y una oreja visiblemente más larga que la otra. Una etiqueta colgando del lado derecho delataba que el uniforme era nuevo y además le quedaba grande; sus zapatos de lona ajedrezada con calaveras eran señal inequívoca de que a lo mucho acababa de terminar la preparatoria. Levantó la mirada de su teléfono.
—Este… — fue todo lo que atinó a decir. Se quedó ahí, parado frente al octogenario cliente, con la misma mirada de confusión que ponen los nacidos después de mil novecientos noventa frente a un teléfono con marcador de disco. Tras analizar la situación le quedó claro que el abuelo estaba molesto por algo relacionado con el smartphone y exigía la devolución de su dinero, pero aunque parecía estar hablando español, no había entendido ni una palabra de lo que decía.
Como era su primer día en el trabajo y llevaba la frase “nuestros clientes son lo más importante” estampada en su playera nueva del uniforme, decidió que resolvería el problema a como diera lugar. Fingió una llamada urgente de su gerente y corrió a la trastienda para consultar Google a escondidas.
Así supo que:
Será el sereno es una expresión que viene de serenus, una palabra en latín para referirse al cielo despejado. Tiempo después lo despejado dejó de ser cosa del cielo, y sereno se convirtió en sinónimo de tranquilidad; tanto así que a los vigilantes nocturnos del siglo XIX les llamaban así, pues gritaban “las once y sereno” para tranquilizar a los vecinos de que hubiera algún maleante en la calle. Si alguien estaba fuera a altas horas de la noche y veía una figura desconfiable decía “pues será el sereno, pero no le veo la linterna…” y mejor se echaban a correr. Por eso la frase se usa para expresar desconfianza en lo que otros ven o expresan.
Cachivache Es una palabra compuesta de cacho, que es sinónimo de pedazo y bache, que es algo roto o que no sirve. Se usa para aquellos vasos, ollas, vasijas y demás trastes y cosas que están en una casa pero que carecen de utilidad.
Fantoche: Marioneta en italiano se dice fantoccio, y en Francia la afrancesaron y la convirtieron en fantoche… cuando la palabra llegó a México la dejamos más o menos igual, pero la usamos para referirnos a un títere o a una persona que además de ridícula es presumida.
Santiamén: Cuando las misas eran en latín, las personas al persignarse decían In nomine Patri, Fili, Espiriu Sancti, Amén pero la última parte la decían tan rápido que sonaba santiamén. Por eso se usa esa palabra para decir que algo es muy rápido.
Jumento: Es otra forma de llamarle a los burros.
Ni qué ocho cuartos. Resulta que en la antigua España había una moneda llamada realillo, que valía exactamente ocho cuartos de peseta (por qué no eran cuatro medios, nadie lo explicó) y eso era muy poco dinero… cercano a nada. La gente decía “qué… ni qué nada” para menospreciar alguna afirmación previa. Como los ocho cuartos eran cercano a nada, la expresión se quedó.
Finalmente, el joven supo qué quería decir el anciano, así que se acercó, sonrió de oreja a oreja enorme y le dijo confiado:
- ¡Ay aja! OMG Si hubiera seguido las instrucciones al pedo el gadget habría jalado. Veo que el mamalón de su nieto lo reseteó de volada y lo hizo ver todo teto… LOL puro fail. Pero usted ya está muy análogo como para andar hater. Como sea está bien ser newbie, si quiere le paso un tutorial y como es mi primer cliente nos hacemos una selfie
Don Ramiro fingió que tenía que ir al baño y atravesó la tienda lo más rápido que sus piernas le permitieron. Cruzó las puertas automáticas y se apresuró en llegar a casa. Tras consultar todos los diccionarios disponibles, tomó el teléfono con marcador de disco y llamó a su nieto. Prometió regalarle un Smartphone última generación con la condición de que pateara las espinillas de cierto encargado de atención al cliente.
