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Achis achis los mariachis

Al principio no había nada. Luego vino una enorme explosión que liberó cantidades absurdas de energía en expansión. Ya que había energía y expansión apareció algo que ahora conocemos como tiempo y después de un buen rato esa energía se desaceleró y se transformó en masa. Algunas cantidades de masa se organizaron en galaxias, éstas en sistemas solares y éstos se llenaron de planetas. Hasta donde sabemos, en uno de esos planetas los elementos se organizaron en materia orgánica y ésta en los primeros organismos vivos. De los mares la vida habitó la tierra; los dinosaurios fueron y vinieron y después de siglos de tortuosa evolución apareció el ser humano. Una vez que el homo sapiens se las ingenió para sobrevivir entre los mamuts y otros animales más rápidos y fuertes que él, sintió la necesidad de comunicar ideas más complejas, así que inventó el lenguaje. Muchos años después, el humano observo maravillado el milagro de lo creado y exclamó: ¡Achis, achis los mariachis!

 Tal expresión denota sorpresa e incredulidad, y cómo no, pues quién se iba a imaginar que el lenguaje, a pesar de no tener cuerpo físico, se comportaría como un ser vivo y evolucionaría junto con el humano hasta nuestros días. Igual que el Doctor Frankenstein, el hombre dio vida a un ser más poderoso que  él mismo; un monstruo capaz de crear mundos nuevos y destruir cosmogonías al mismo tiempo y con las mismas ganas. Y es que a pesar de lo rico que sea un idioma, los usuarios del mismo suelen encontrar atajos que se convierten en convención y terminan siendo un canon entendible para todos los que comparten su contexto. Aquí algunos ejemplos:

Ájale: Se utiliza para expresar sorpresa mezclada con admiración dirigida hacia una persona o fenómeno. Suele ir acompañada de jalea.

Nopos: También conocida como “nopus”. Se trata de una contracción de la negación simple “no” con la conjunción “pues”, que a su vez es una contracción de la palabra “después”, término que proviene de latin “post”. Tiene valor ilativo o se usa para reafirmar algo, especialmente si ese algo lo platica un habitante de Guanajuato capital. Nopos sí.

Sabe: Cuenta la leyenda que esta locución se deriva de la frase coloquial “sepa la bola”, y que se usaba para expresar que no se tiene una respuesta a la pregunta, ni interés en investigarla; sin embargo, unida al característico cantadito leonés, es una forma odiosa de ridiculizar al interlocutor. Sabe.

¡Zaz!: Afirmación enfática. Estar de acuerdo con un plan, casi siempre en el patio del recreo.

¡Chin!: Emerge casi de forma automática cuando algo no sale según las expectativas, o al momento de darnos cuenta de que hemos cometido un error suficientemente grave como para importunarnos, pero no tan malo como para decir la frase que encierra. Chin&@9%#dre.

Mero: Antecedido por “ya” es sinónimo de casi… cuando algo no tarda en ocurrir. Antecedido por el pronombre “yo” se usa para referirse a uno mismo. Últimamente se usa para estirar cinco minutos de fama en twitter y conectar con la chaviza en una campaña presidencial. Si en vez de “mero” se usa “merengues” resulta menos penoso. Los merengues tienen buena reputación.

Ñáñaras: Es una palabra que describe la sensación corporal que se experimenta cuando sobreviene la sorpresa, exaltación, miedo o eso que sentimos todos al ver campañas políticas en ritmo de reguetón.

Wah: neologismo acuñado por los milenials para referirse a la aplicación de comunicación llamada Whatsapp. Por extensión, también ha venido a sustituir la antes romántica solicitud del el número telefónico por la frase “pásame tu wah”

Cora: Nopos… Es lo que tenemos en el pecho, del lado izquierdo y que late bien fuerte cuando ¡chin! nos da ñáñaras decirle a esa persona que nos gusta pero ya mero se va y ¡ájale! que nos animamos y la invitamos a salir y nos responde que ¡zaz! pero que le mandemos un wah.

Hay quien se pelea con esa costumbre que tiene el lenguaje de auto destruirse. Otros se enojan cuando la RAE legitima una u otra aberración. Yo prefiero disfrutar el viaje y así de vez en cuando descubrir un término tan espantoso como nuevo para gritar que achis achis los mariachis.

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