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En el umbral

Era una mañana tranquila y soleada. Me serví una taza de café recién preparado y por alguna razón me pareció buen momento para hojear un libro que hablara sobre catástrofes globales provocadas por una inminente guerra nuclear. Así, mientras se consumía mi fe en la humanidad y mi café se enfriaba en El Invierno Nuclear de Carl Sagan y Richard Turco, me topé con el siguiente párrafo:

“En física, fisiología y muchas otras áreas de la ciencia, existe la útil idea de un umbral: el más pequeño input (estímulo) para producir un output (respuesta) mensurable o perceptible. Por ejemplo, existen niveles de sonido o de luz que somos incapaces de percibir, aunque a unos niveles levemente mayores, podemos oír y ver con claridad”

Como pasa a veces con algunos libros, esas líneas hicieron que se me olvidara todo lo demás, y que el concepto de umbral, aunque fuera por un momento, me angustiara más que la idea de Donald Trump con los códigos nucleares en su mesa de noche. Tras reflexionar un rato, llegué a las siguientes conclusiones:

  • Los fantasmas existen, sólo que su presencia se encuentra por debajo del umbral de nuestra percepción… a menos que seamos gitanos o algún otro tipo de médium.
  • Si el umbral no es igual para todos, eso significa que cada quién experimenta la naturaleza de forma distinta… y eso que llamamos realidad no es más que una construcción ficticia para que no entremos en pánico o nos sintamos irremediablemente solos e incomprendidos y obligados a hacer cine experimental en blanco y negro.
  • Además de la luz y el sonido en ciertos niveles, es posible que esté rodeado de cosas que no logro percibir, pero los demás sí. Seguramente mucho de eso tiene que ver con mi olor corporal y otras razones que explican la soltería y por qué la gente me ve raro en la calle.
  • Una vez que nos acostumbramos a un estímulo, necesitamos que aumente de nivel para ser capaces de percibirlo. Los científicos llaman a esto umbral logístico o sigmoidal; yo le llamo así a mi relación con la cafeína. Dicen que al efecto de llegar a los niveles máximos de estímulo para apenas generar respuesta, se le llama gastritis.
  • Podemos hacer cualquier cosa, por más peligrosa que sea, siempre y cuando los estímulos se encuentren por debajo del umbral de respuesta para que haya una consecuencia… como acercar una flama a la pólvora, pero no lo suficiente como para que se encienda, pretender a alguien que no debemos siempre y cuando no se dé cuenta, quejarnos de nuestro jefe en secreto y hasta hacerle cosquillas a un oso siempre y cuando esté sedado.
  • Si un estímulo llega al umbral y se queda justo en medio del punto de reacción, no hay respuesta y al mismo tiempo sí la hay. Seguro Shrodinger tenía un gato que no se decidía a entrar o salir del cuarto, por lo que estaba dentro y fuera a la vez

Y es que un umbral también es una pieza empotrada, escalón o espacio que constituye la parte inferior de una puerta, contrapuesta al dintel. Suelen ser lugares cómodos para apoyar el hombro y descansar el cuerpo, recargados en el marco de la puerta, mientras se decide que hacer. El asunto es que alguien parado en el umbral es alguien que estorba a cualquiera que tenga claridad y prisa por estar adentro o afuera. No sé dónde escuché esa frase de que “a los tibios los vomita Dios” pero me encanta. Me imagino que ya en ese humor, después de vomitar a los tibios va a patear a aquellos que se instalan en los marcos de las puertas.

Si Heráclito tenía razón y uno no se baña dos veces en el mismo río, entonces uno no entra dos veces al mismo cuarto, y cada vez que cruzamos un umbral, éste no será el mismo; para la próxima necesitaremos un estímulo más grande pues lo que hay del otro lado de la puerta se habrá acostumbrado a nuestra presencia y nosotros a estar ahí. Y ya entrados en costumbres, nos acostumbramos a no estar adentro ni afuera, pero, eso sí, obstruyendo el paso a eso que quiere ser percibido, o percibir algo.

Supongo que, cuando se habla de umbrales, el truco está en no tenerlos ni muy altos como para quemarnos sin darnos cuenta ni muy bajos como para andar viendo fantasmas donde apenas hay recuerdos… y en no quedarse bajo el dintel más tiempo del necesario para apreciar la totalidad del espacio al que estamos por entrar. No sea que nos agarre la catástrofe global antes de que nos decidamos a dar el paso.

notengomeil@gmail.com

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