El tema es amplísimo, muy emotivo y, como nunca, un acontecimiento global lleno de actos heroicos, escenas desgarradoras y controversias. Creo que de todas las migraciones que ha habido a través de milenios, sólo un mínimo han salido de sus localidades originales de manera libre y espontánea para retirarse cómodamente, casarse por amor o trabajar con altos sueldos. Esos afortunados viven y se ajustan gozando su vida en los nuevos lugares donde se asientan. Pero a la abrumadora mayoría que dejan sus hogares la experiencia es, por decirlo suavemente, un acto imborrable de terror, múltiples carencias, transportación en barcos o carruajes en pésimas condiciones y enfermedades. Hemos visto películas de la isla Ellis en la ciudad de Nueva York, donde masas de inmigrantes eran revisadas físicamente de enfermedades contagiosas y, muchas eran rechazadas y regresadas a sus países de origen, o las endebles lanchas repletas de africanos que zozobran y matan a miles, ambas fronteras mexicanas y sus actos violentos y de corrupción, etc. Perdónenme, pero en mi memoria quedó grabada para siempre la imagen del niño sirio ahogado en una playa de Turquía. ¡Qué horror!
El tema migratorio sigue siendo de actualidad: Violencia, injusticias, racismo y el temor a lo extraño, complican aún más la situación. La xenofobia está regresando después de las terribles épocas fascistas y comunistas. Lo malo es que esa enfermedad contagia y provoca rechazos irracionales y odio. De ahí a una guerra y a mayores migraciones hay sólo un doloroso paso. Nadie sabe cuándo empieza el éxodo, pero las noticias y fotos de masacres llenan los medios. Como ejemplos tenemos a los millones de sirios exiliados en una guerra criminal, las minorías musulmanas expulsadas en Myanmar, las de Sudan del Sur o los haitianos y centroamericanos que huyen de la delincuencia y la pobreza. Sus migraciones causan recelos en las poblaciones que los reciben, temor y una reacción tal vez lógica de rechazo pero de todas formas inhumanas.
Como nieto de inmigrantes y acogido en cientos de lugares de mi país con amistad, afecto y hospitalidad, me duele que existan esos fenómenos que desafían a la tolerancia que debe regir. No soy capaz de dar soluciones pero creo que muchos emigrantes de otras regiones y países tienen la necesidad y poseen la creatividad para trabajar en empresas que los contratan, y más aún, pueden empezar con negocios pequeños y formar con sus familias instituciones lucrativas. Hay múltiples ejemplos.
La situación en esta época crítica es difícil. Hay fuerzas que irracionalmente cierran fronteras y expulsan personas valiosas. Hay temor, inseguridad enfermiza y pocas actitudes racionales, y sobre todo justas y humanas. No es nada fácil, pero creo que pueden existir políticas de empleo temporal, reintegración de migrantes a comunidades en paz y con trabajos dignos y, siento decirlo, menor egoísmo y más humanismo nos ayudarían notablemente. ¿Qué piensan ustedes?
NOTA: Nueva presentación de la novela “Jacobo El Emigrante”, librería Gandhi de Palmas, Lomas de Chapultepec, CDMX 10 de marzo, 17:00
