Sin duda, el incremento del 20 por ciento al salario mínimo general para 2020 es una gran noticia para aquellos que perciben hasta un salario mínimo de ingreso. Sin embargo, es importante señalar los posibles riesgos que esta medida podría implicar para la generación de nuevos empleos, la productividad de las empresas e inclusive, para el clima laboral de los negocios en México, si no se cumple con las expectativas de los colaboradores, en términos del alza salarial. Porque si un incremento de esta magnitud -histórico como se le presume- no va acompañado de un incremento en la productividad, significaría poner en serios problemas de liquidez a un gran número de empresas.

Apenas en julio pasado escribí sobre un trabajador que añoraba los años 80, cuando se dedicaba a vender perros calientes. Traje este caso a colación, para destacar la pérdida en el poder adquisitivo de los trabajadores, de más del 50 por ciento, en las últimas cuatro décadas. De ahí que los esfuerzos que está emprendiendo el Gobierno Federal, para recuperar el poder adquisitivo perdido, no son solamente deseables, sino necesarios. No obstante, como lo afirmé en mi columna del mes de julio, los aumentos salariales no pueden darse de un plumazo, sin antes contar con políticas públicas que apuesten por el incremento de la productividad de las empresas, quienes son en última instancia, las que generan empleos y pagan los salarios a sus trabajadores.

Antes de señalar las posibles implicaciones de esta medida, es importante comprender cómo se llegó a un incremento del 20 por ciento al salario mínimo general. Visto en términos porcentuales, el aumento parece espectacular, sin embargo, este porcentaje tiene dos componentes. De acuerdo con el comunicado de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, el salario mínimo se compone de un Monto Independiente de Recuperación (MIR) de 14.67 pesos y un 5 por ciento de factor inflacionario. Es este MIR el mecanismo para la recuperación del poder adquisitivo salarial y se determina como una cantidad en pesos. La CONASAMI insiste en que el MIR no puede ser utilizado como referente para negociar los incrementos salariales contractuales actuales.

Es este el punto en el que se complican las cosas. He escuchado a varios empresarios decir que algunos de sus colaboradores están ya pensando en un aumento del 20 por ciento para el próximo año. En caso de no recibirlo, el ambiente laboral puede tornarse seriamente negativo. Y es que, aún cuando los incrementos para los contratos actuales, no debería llegar al 20 por ciento, en una nota de Citibanamex se hace notar que desde 2018, año en que comenzó a acelerarse la recuperación del poder adquisitivo, el resto de las revisiones salariales han tendido a incrementar su cuantía. Lo anterior puede tener una repercusión inflacionaria por un lado, y podría desacelerar la creación de empleos por el otro.

Aun cuando líderes empresariales afirman que un incremento salarial de esta magnitud no debería afectar la liquidez de las empresas y la Secretaría del Trabajo insiste en que no existe posibilidad de impactar en el nivel de precios, la realidad que se vive en el día a día en las pequeñas y medianas empresas es muy distinta. De ahí que deba insistirse en que las políticas de aumentos salariales deban ir acompañadas, necesariamente, de políticas para incrementar la productividad de las empresas. En la medida en que los negocios sean más competitivos, más rentables y reporten ventas mayores, los beneficios financieros podrán trasladarse, de manera natural, al equipo de colaboradores. Habrá que esperar para ver los resultados del nuevo salario mínimo para el 2020.

Aprovecho para informar al amable lector que, quien escribe este espacio, estará tomando un receso de dos semanas, con motivo de las fiestas navideñas. Le deseo el mayor de los éxitos para el próximo año.

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