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Cuando el “mindhunter” visitó méxico

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Si hay un agente del FBI que en las últimas décadas del siglo XX se hizo mundialmente famoso, fue sin duda Robert Ressler. Su currículo habla por sí solo, fue el creador del término “asesino en serie” y perfeccionó los métodos de la perfilación criminal, definiendo la forma de ser, actuar y las motivaciones de muchos de los peores criminales de su tiempo. Durante el año setenta, Ressler, acompañado de su amigo y compañero John H. Douglas, se dedicó a entrevistar a los peores asesinos en serie de su tiempo.

Tanto Ressler como Douglas hablaron cara a cara con Charles Manson, Ted Bundy, ‘El Hijo de Sam’, ‘El Canibal de Milwaukee’, John Wayne Gacy, entre otros. Ressler fue uno de los agentes más destacados de la Unidad de Análisis de la Conducta del FBI, conociendo la mente criminal a fondo. También dio clases en dicha institución. La fama de este servidor fue tal que fue asesor para la película “El silencio de los inocentes” y la serie de Netflix “Mindhunter” se basa en sus experiencias y las de su compañero, Douglas.

En 1998, cuando Ressler ya estaba jubilado, visitó Chihuahua con un objetivo muy claro: investigar quién estaba detrás de los terribles feminicidios de Ciudad Juárez.

Para empezar el 2022 con el pie derecho en esta columna, que arranca su tercer año de vida, se recuerda aquel momento en el que el ‘Cazador de Mentes’ visitó México. Los hechos se han reconstruido con base en el libro ‘Huesos en el desierto’ de Sergio González Rodríguez, así como la hemeroteca de este medio informativo.

LOS CASOS

Todo comienza en enero de 1993, con el asesinato de la niña Alma Chavira Farel. Su cuerpo apareció estrangulado, golpeado y con claras muestras de abuso. Después aumentaron los casos, a cual más de violentos e impunes. Al principio, se le conoció como ‘las muertas de Juárez’ pero hoy en día el término “Feminicidios” es más certero difundido.

Para el año de 1998, Ressler ya estaba jubilado y atendía su empresa de seguridad privada ‘Forensic

Behavioral Services’. En mayo de aquel año, las autoridades chihuahuenses acordaron que visitaría Ciudad Juárez con el fin de investigar el caso. La noticia fue anunciada por todos los medios de comunicación de aquel entonces. “Agente de El silencio de los inocentes viene a Cd. Juárez” proclamaban los diarios.

En Julio, el perfilador criminal ofreció rueda de prensa a los medios, pero no la tuvo fácil, tal como lo señala el libro arriba citado: “Las autoridades de Chihuahua le depararon ciertas sorpresas: por ejemplo, la consulta fragmentaria de los expedientes sobre los homicidios de mujeres o el hecho de asignarle un intérprete-custodio, que tendía a dificultar el diálogo directo del ex policía del FBI con sus interlocutores”, soslayando asuntos peliagudos como el narcotráfico y la corrupción. No todos lo aceptaron con bombos y platillos. La feminista Esther Chavez Cano, por ejemplo, señaló que su presencia sirvió de poco.

Ressler se entrevistó en la cárcel con el egipcio Latif Sharif Sharif, en ese entonces uno de los sospechosos. Incluso recomendó a los empresarios de la industria maquiladora un fondo de recompensa de medio millón de dólares. Entre sus hipótesis, destacaba que los culpables fueran más de un asesino estadounidenses, no mexicanos. Además, reconoció que debido a la inseguridad, los feminicidios seguirían ocurriendo. Pese a la trayectoria y el nombre de Ressler (quien murió en 2013), así fue. Para 2012 el número de víctimas es de más de 700 y no se ha encontrado a un culpable de manera formal.

Sin duda, el de Ciudad Juárez es uno de los casos más oscuros de México y parece que seguirá así, pese a la iluminación del más preclaro agente del FBI.

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