La saga de “The Matrix” es una de las películas más populares e influyentes en la ciencia ficción. Desde finales de los noventa, ha inspirado parodias, homenajes, animaciones y toda una exitosa franquicia, pero… ¿Ha sido también estímulo para cometer crímenes?
Desgraciadamente, la respuesta es un definitivo “sí”. Aunque es importante aclarar, de la misma forma que se hablaba la semana pasada sobre “El guardián entre el centeno” y en ediciones previas de esta columna sobre cine de terror, que los directores y actores no tienen la culpa, sino más bien, es total responsabilidad de los delincuentes y sus conflictos internos.
Como es bien sabido, “The Matrix” dirigida por las hermanas Wachowski (y que actualmente ha vuelto a las salas de cine y a los streamings con su cuarta parte) plantea un mundo en el que las máquinas han subyugado a los seres humanos, y nos mantienen en una simulación virtual por computadora. Solo algunas personas tienen conocimiento de estos hechos y buscan escapar de la Matrix, que es cómo se llama esta inmensa realidad falsa. De forma inverosímil y escalofriante, algunas personas se han tomado esta idea de ciencia ficción demasiado en serio, y ha sido su excusa para cometer actos delictivos. Ellos creen que están atrapados en La Matrix.
Uno de los muchos casos registrados vinculados con la saga de Neo, Trinity y Morpheus ocurrió en julio de 2002, cuando una joven llamada Tonda Lynn Ansley, quien vivía en una casa rentada por su casera, Sherry Lee Corbett, en Miami. Después de disparar a quemarropa la victimaria aseguró que Sherry le quería robar sus sueños, y ella trabajaba para el agente Smith, principal villano de la saga. Como era de esperarse, el jurado la declaró mentalmente inestable, recluyéndola en un hospital psiquiátrico.
El segundo caso ocurrió en el año 2000, cuando la película comenzaba a estar de moda. Esta vez, la situación fue mucho más macabra que la anterior. El perpetrador fue Vadim Miesseges, un joven de 27 años, estudiante de la Universidad de San Francisco, quien asesinó a sangre fría a su también subarrendadora, Ella Wong. Vadim, quien era estudiante de ingeniería informática, descuartizó y esparció los restos de su víctima, para después ir a la policía a confesar. En un principio, la policía consideró las razones más lógicas: que la mujer descubrió al joven haciendo algo ilegal, o incluso que se trató de un asunto de celos… pero la reacción fue mayúscula cuando él declaró que Wong no era una personal real, pues vivía dentro de una realidad creada por computadoras. También el juez lo declaró mentalmente incompetente.
MÁS SITUACIONES
ocurrido en Virginia en febrero de 2003, involucra el parricidio, cuando Joshua Cooke, un chico de 19 años que un fatal día tomó un rifle calibre 12 y mató a sus padres. La policía descubrió que su cuarto estaba repleto de pósters de la saga de ciencia ficción, e incluso solía vestir con lentes oscuros y gabardina. Aunque se justificó con las películas, el dictamen psicológico arrojó que esta vez sabía perfectamente lo que hacía, por lo que fue acreedor a una pena de 40 años.
El más sonado mediáticamente ocurrió en octubre de 2002, cuando el joven afroamericano Lee Boyd Malvo acompañó a John Allen Muhammad a disparar en el área metropolitana de Washington. Lee tenía 18 años y cuando fue capturado, hizo alusión a la saga. Además de realizar varios dibujos de sus escenas. Fue condenado a 6 cadenas perpetuas.
Estos son los casos. Lo cierto es que nada justifica el asesinato de una persona. Ni una obra de ficción, ya sea literaria o cinematográfica, ni tampoco las decisiones personales que cada quien tome. Ante todo, debe prevalecer la justicia y la responsabilidad. Como dice el protagonista de la película en cuestión: “no me gusta la idea de no ser yo quien controle mi vida”.
