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Crimen legendario

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Mañana es Día de Muertos, y la mejor forma de conmemorarlo en esta columna es evocando una de las leyendas más populares de México, que como todas las de su clase parte de un hecho verídico. Se trata la de Don Juan Manuel, que ocurre en lo que hoy es la calle República de Uruguay en el centro de la Ciudad de México.

Evoquemos primero el mito, la ficción y después la realidad, los hechos.

Don Juan Manuel era un acaudalado hombre que vivió en la Nueva España y estaba casado con una hermosa dama. Sin embargo era amargado, pues sería lo que hoy en día llamamos un celotípico. Juraba que su esposa lo engañaban con todo mundo y quería descubrirlo a como diera lugar. Primero buscó consuelo en un convento y dejó a su sobrino a cargo de sus negocios, pero al aislarse solo se elevaron sus enfermizos celos. Fue entonces que decidió pactar con Lucifer. Dibujó un círculo en el suelo con inscripciones mágicas y lo rodeó de velas negras. Acto seguido pronunció un conjuro y el diablo apareció frente a él. A cambio de su alma, pidió saber con quién “le ponían el cuerno”. El Señor de las Tinieblas le dijo que saliera a la calle y le preguntara a hora al primero que pasara. Aquel que le diera respuesta, sería el responsable.

Fue así como Don Juan Manuel salió a la calle y preguntó a un hombre: “¿Qué hora es?” “Son las once, caballero”. “¡Dichoso usarcé, que sabe la hora en que va a morir!” Entonces, apuñalaba al hombre. Así lo hizo infinidad de veces hasta que, carcomido por la culpa, decidió ahorcarse. Cuenta la leyenda que hasta el día de hoy su alma vaga por la calle en cuestión, donde hay una placa.

LOS HECHOS

Los hechos históricos de esta leyenda se pueden rastrear gracias a los escritos de Luis González Obregón (cuya obra en enfoca en la vida cotidiana de aquellos años) además de José Justo Gómez de la Cortina, quien fue fundador de la Academia de la Lengua.

El verdadero Don Juan Manuel de Solórzano llegó a México en 1623, en la comitiva del virrey Diego Fernández de Córdoba. Con el paso de los años, se hizo íntimo amigo del siguiente virrey en turno: Lope Díaz de Armendáriz, marqués de Cadereita. Don Juan Manuel fue intocable y sacó todo el provecho que pudo por ser cercano a la máxima autoridad de la entonces Nueva España. ¡Ya desde entonces había compadrazgos, amiguismos, tráficos de influencias!

Para 1636 se casó con Mariana de Laguna, hija de un importante empresario minero zacatecano. La vida no podía sonreírle más… sin embargo, la Sublevación de Cataluña en 1640 que afectó toda España, dio pie a que Lope Díaz perdiera poder y por fin ocurriera lo inevitable: que metieran preso a Don Juan Manuel.

Una vez en la cárcel, los celos de Don Juan aumentaron, pues Francisco Vélez de Pereira que era Alcalde del Crimen, y en ese entonces representaba una importante autoridad judicial, visitaba a su esposa. Gracias a la ayuda de otro importante noble que estaba preso, obtuvo las influencias para salir de la cárcel y vengarse.

Así fue como mató a Francisco y a Mariana a puñaladas. Para su desgracia, Don Juan Manuel se enteró que lo que hacía su esposa era intentar convencer a Vélez de Pereira para dejarlo salir de prisión. Carcomido por la culpa, decidió colgarse en octubre de 1641.

El caso también inspiró la obra de teatro en verso “El privado del virrey” de Ignacio Rodríguez Galván.  Sin duda, casos como el de Don Juan Manuel demuestran que hay cosas que jamás cambian.

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