El día de mañana, casi 26 millones de alumnos, en todo el país, regresarán a las aulas, después del receso vacacional de verano. Las niñas y los niños ya acumulan la emoción y el nerviosismo del primer día de clases. Y los papás estamos ya planeando la logística, para sortear con éxito, la primera jornada, de este nuevo ciclo escolar. Esto es de especial relevancia, para aquellos que tendrán que enfrentarse al tráfico vehicular, ocasionado por la fallida obra del distribuidor vial Benito Juárez. Aunque esto en realidad no es un asunto que preocupe – y mucho menos que ocupe – a los responsables de asegurarse que este elefante blanco se concluya algún día y, probablemente, tampoco a nosotros como ciudadanos.
Son ya más de tres años desde que la exalcaldesa Bárbara Botello colocó la primera piedra de lo que sería la mayor obra de infraestructura vial de su administración, terminando con un rezago de más de 20 años. Vaya mofa. El rezago de más de 20 años, está acumulando casi un lustro más, y el tiempo sigue corriendo. Aparentemente los trabajos debieron concluirse en diciembre de 2016. Alcanzada esta fecha, se anunció que sería en abril del año siguiente; y, cuando esto no se cumplió, se dijo que sería en junio de 2017. Los funcionarios de la SCT dicen que los trabajos están casi terminados, pero no se atreven a dar una fecha de entrega y apertura del distribuidor aunque, aparentemente, está a punto de concluirse.
El artículo 47 de la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos, señala que, todo servidor público, tiene la obligación de cumplir con la máxima diligencia el servicio que le sea encomendado y rendir cuentas sobre el ejercicio de sus funciones. El distribuidor vial Benito Juárez, al ser una obra que se ejecuta con recursos públicos, debería llevarse a cabo con la diligencia que señala la ley. Sin embargo, la displicencia es palpable. Esto lleva a cuestionarnos si, como ciudadanos, estamos exigiendo la rendición de cuentas, a la que tenemos derecho; o si, simplemente, estamos resignados a que, obras como la que se comenta en este espacio, sigan demeritando nuestra calidad de vida.
Es cómodo vivir desde la posición de la víctima, creyendo que estamos en tal o cual situación, por las circunstancias o por los malos servidores públicos. Es más fácil quejarse que actuar. Lo irónico es que, este espacio, sirve más para lo primero que para lo segundo. Pero esto no me impide recalcar que, la responsabilidad, no corresponde solamente a los funcionarios, sino que es compartida con la ciudadanía. En la medida en la que nos involucremos activamente tanto en el proceso de toma de decisiones al emitir nuestro voto, como en el seguimiento al trabajo de los servidores, y en la exigencia al momento de la rendición de cuentas, en esa misma medida, los resultados deberán darse de una manera más efectiva.
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