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CÓMO CAMBIAN LOS REGÍMENES POLÍTICOS

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Derivado del histórico resultado de las elecciones federales del 2 de junio del presente año. Los mexicanos estamos viviendo momentos inéditos, que en breve empezaremos a sentir en carne propia, sin ninguna duda diferentes y únicos en el país, en sus instituciones y por supuesto, en el seno de la forma de ser gobernados. Así lo decidió la mayoría de los ciudadanos.

Desde 1994 nuestro país inició una gran ruta de cambio político, con una serie de acontecimientos políticos y sociales desconocidos para millones de mexicanos de aquel entonces. La aparición del EZLN en Chiapas, el asesinato del candidato del PRI a la presidencia de la república, Luis Donaldo Colosio Murrieta, el asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y el asesinato del secretario general del CEN del PRI, José Francisco Ruiz Massieu.

En el plano estrictamente político y electoral, en 1997 por vez primera, en la historia del PRI como partido hegemónico pierden la mayoría en el Congreso de los Diputados y tres años después, son derrotados en el año 2000 por el partido opositor el PAN y su candidato presidencial, Vicente Fox. Viviendo los mexicanos, diversos aspectos del cambio político.

En 2006 los ciudadanos ratificaron el mandato seis años más a Acción Nacional, en unas cerradísimas y competidas elecciones presidenciales, venciendo el candidato del PAN, Felipe Calderón, a su rival del PRD, Andrés Manuel López Obrador, por una mínima diferencia de 0.56% de votos. Y en 2012, los mexicanos volvieron a dar el triunfo mayoritario al candidato del PRI, Peña Nieto.

La historia última y más reciente de la vida política, social y electoral de México, es de todos conocida. Precisamente por el papel que ha cobrado el cambio político en nuestro país, ha habido quien ha tratado de subrayar los aspectos de continuidad y estabilidad en el sistema político de nuestra nación. En consecuencia, cambio y continuidad parecen haberse convertido en nociones centrales de la reflexión y debate político.

Por consiguiente, en México hemos pasado del cambio político a la transición de manera gradual. En el camino, la alternancia ha sido una dura realidad, confundida muchas veces por algunos especialistas o comunicadores, en transición política cuando no ha sido así. Durante el cambio político, hemos vivido momentos identificados por sus dimensiones principales, para identificar otros conceptos como desarrollo, modernización, crecimiento y decadencia.

La transición de régimen es un fenómeno de gran relevancia, porque dicha transición atañe en las formas más diversas a toda la comunidad política, al pueblo en general y tiene repercusiones en los destinos y vida directa de los millones de ciudadanos que forman parte del sistema político, cuyo régimen cambia o será cambiado.

Para comprender la transición de régimen, es preciso analizar el qué, el cuánto y el cómo. Es decir, hay que identificar cuáles son el objeto, el grado y las modalidades. El objeto, tiene que ver con los valores, normas y estructuras de autoridad. Donde hemos vivido inmersos durante estos cinco años y medio del gobierno de AMLO, estos tres componentes.

El conjunto de creencias ha sido fuertemente sustituido por el discurso permanente de López Obrador, adoctrinando primero a los pobres, pero también, a todos los sectores de la sociedad con ideologías basadas en supuesta igualdad, combate a la pobreza y a la corrupción con todo tipo de justificaciones latentes o explícitas al régimen y al pasado.

La 4T y AMLO, ponen de manifiesto cómo los valores políticos fundamentales se someten a discusión, con más frecuencia justamente en los regímenes en los que están a punto de producirse cambios significativos. Por eso toda está pantomima de la Reforma al Poder Judicial, cuando ya está tomada la decisión por su creador y por quién la implementa.

¿No cree usted?

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