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CIUDADANO LEONÉS SOBRESALIENTE

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Juan Antonio García es un producto genuino del lema de la ciudad de León, que afirma: El Trabajo Todo lo Vence. Pero si al trabajo se le incorpora talento, perseverancia y altruismo, tenemos los ciudadanos de excepción que se engrandecen, elevando las propias peculiaridades, para objetivarlas en herencia, sin beneficiarios ciertos, confundidos en generaciones, que habrán de disfrutar de la generosidad de un ser nacido para innovar y entregar, con desprendimiento, el producto de sus reflexiones y el trabajo que significó un anhelo largamente elaborado, para justificar o explicar su paso por el mundo.

Juan Antonio, es un innovador sobre la marcha. Su proyecto se nutre de lo que su entorno necesita para producir seres, que tienen la fortuna de haber encontrado alguien, que se  empeña en crear condiciones para que puedan objetivar lo sobresaliente de sí mismos. Su pasión, ha creado un santuario en donde el ser humano pueda encontrar la paz y los elementos para hurgar en el patrimonio  humano y, poder realizar la vida, en un sueño permanente por vincularse a la verdad, la bondad, la justicia y la belleza.

Los griegos entendían que la bondad la verdad y la belleza formaban un triángulo en donde es difícil encontrar el principio y el fin de cada uno. Por eso, cultivar los valores, es un arte y una ciencia, que nos envuelve sin pretensiones de establecer quien tiene prevalencia, pues la triada puede hacer del ser humano una cumbre de su especie. Lograr que las nuevas generaciones escalen estas tesituras, es el objetivo de una institución que pretenda ser el templo donde se cultive el espíritu, para alcanzar lo más bello, bueno y verdadero del espíritu humano.

Un grupo de amigos, conducidos por Don Manuel Fernández, tuvimos la oportunidad de conocer a Juan Antonio García y bastó un encuentro, para percatarnos del valor de esta persona singular. Dialogamos con él sobre educación y la necesidad de aprovechar los recursos humanos, distinguidos por su capacidad y la necesidad de saber más. Luego entendió la inquietud, compartió sus puntos de vista y el formidable instituto Oviedo, con el altruismo de su impulsor, se dio a la tarea de abrir las puertas a quienes son diferentes por superación, y les brindó la oportunidad de realizarse, sin las desventajas que pudieran tener por su origen socioeconómico.

Toño, así le llaman quienes han aprendido a valorarlo, es un pionero que no busca blasones, sino la oportunidad de servir a la especie al más alto nivel. Ha sembrado sin el interés de la ganancia personal, pero con el afán de crear condiciones para que el espíritu humano, pueda encontrar elevadas expresiones, que de otra manera, la marginación hubiera impedido. La herencia está sembrada, en la conciencia de quienes le acompañan en la magnífica empresa. Desde una modesta posición, nos congratulamos por tener la oportunidad de felicitarte por tu bonhomía.

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