En ocasiones, nuestra intuición nos puede salvar la vida.
El caso de esta semana trata precisamente de eso: lo que empezó como un chispazo de ‘mala vibra’ a una persona, terminó convirtiéndose en una historia digna de una obra de teatro de trepidante suspenso, donde los protagonistas son una hermosa joven y un asesino en serie, mientras que el escenario, un programa de concursos. Todo es completamente real y ocurrió el 13 de septiembre de 1978.
En aquellos años, uno de los programas con más rating en Estados Unidos era ‘The dating game’ (‘El juego de las citas’) en el que varios participantes se reunían en un foro para decidir quién sería su futura pareja. Una mujer conversaba con varios caballeros, y con base en sus gustos y temas al hablar, optaba por el mejor partido mientras que el público, desde el estudio o en sus hogares, le aconsejaba avanzar o retroceder. En su tiempo fue un modelo televisivo tan exitoso, que se imitó en varios lugares del mundo.
Aquella noche, en plena efervescencia de los años setenta, la joven de 22 años Cherryl Bradshaw entró al concurso, y uno de los muchachos con los que hablaba era alguien llamado Rodney Alcalá, a quien el conductor Jim Lange lo presentó como un talentoso fotógrafo que descubrió su talento desde los 13 años y entre sus pasatiempos se encontraba el paracaidismo. Era exitoso y atractivo, de modo que la joven terminó eligiéndolo como el prospecto ideal para su cita.
Cuando se conocieron, Bradshaw se sintió incómoda. El tipo le daba una pésima espina y sentía que le transmitía una mala vibra.
“Empecé a sentirme muy mal. Él actuaba de forma escalofriante. A veces me interrumpía al hablar, siempre intentando imponerse. Era desagradable, grosero y mostró una actitud intimidante. No quise volver a verlo”, recordaría Cherryl años después, cuando sería entrevistada por infinidad de periodistas y agentes de la ley ya que fue una de las pocas sobrevivientes.
Lo mejor que Bradshaw pudo hacer fue hacerle caso a su intuición, que le salvaría la vida, pues aquel hombre era Rodney Alcalá, uno de los asesinos en serie más aterradores de los años setenta. Responsable de 5 feminicidios, aunque él se quiso adjudicar más de 100.
Cuando el conductor le preguntó en qué momento se divertía, Alcalá dijo: “[…] mi momento favorito es en las noches”. Nadie entre el público lo sabía, pero él se refería a matar.
INTELIGENTE Y MALVADO
Nacido el 24 de agosto de 1945 con el nombre real de Rodrigo Jacques Alcalá, su familia fue abandonada por su padre, y tuvieron que mudarse de San Antonio Texas a Los Ángeles. Tenía un coeficiente intelectual de 135, lo que lo convertía en alguien brillante, por lo que se dedicó a la fotografía y estudió Bellas Artes, convirtiéndose en alumno más capaz del mismísimo director Roman Polanski. Pareciera que el destino le tendría preparada una vida en los escenarios, el cine o los medios, pero a Rodney lo que le encantaba era asesinar mujeres. Se enlistó en el ejército y desertó. El psiquiatra castrense lo diagnosticó como “[…] narcisista, maligno, con psicopatía y sadismo”; pero, al parecer nadie le hizo caso, porque Rodney comenzó a matar desde muy joven. Como muchos asesinos en serie, Alcalá será un camaleón social. Sabía adaptarse a cualquier entorno y nivel socioeconómico. Por fortuna fue capturado en 1979 y condenado a la pena de muerte, pero murió en 2021 en la prisión de Corcoran, California.
El mismo destino que salvó a la joven concursante quiso que el asesino muriera el aniversario de su aprehensión: un 24 de julio.
Años después, Alcalá sería apodado por los medios como ‘The dating game killer’ (‘el asesino del concurso de citas’) y la historia de cómo Cherryl Bradshaw se salvó, que en efecto parece una ficción, daría pauta a muchos libros y películas, siendo la más reciente ‘The woman in the hour’ que se estrenará en octubre.
