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CENA PARA DOS

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         Mi esposo y yo tenemos como costumbre, desde que nos casamos (ya hace casi 33 años, ¡wow, todo un logro!) o, tal vez, ahora que lo pienso, desde novios, de ir a cenar, él y yo solos, los viernes por la noche.

         Es algo que alguien nos recomendó… no me acuerdo si en la despedida bíblica que tuve cuando me casé o en el Retiro para Novios que hicimos pero, la verdad, nos ha funcionado muy bien.  Yo pienso que fue uno de los mejores consejos que nos pudieron haber dado.

         Creo que es algo que nos recuerda que somos pareja.  Nos da tiempo, solo para nosotros dos… para vernos a los ojos, tocarnos las manos, cambiar de ambiente, arreglarnos solo para el otro.  Podemos terminar de platicar temas que se quedaron interrumpidos, antes porque las niñas nos distraían, ahora porque el tiempo nos apresura.  Nos sirve para desnudar nuestra alma y nuestro sentir, sabiendo que el otro nos está poniendo total atención.  O podemos analizar algún problema de las hijas, de la situación nacional o, simplemente, a la pareja de junto, ¡ja, ja!.

A veces, esa cena es como un oasis en el desierto,  lluvia fresca que baña una difícil semana.  A veces, también ha sido “tierra minada a lo Afganistán”, diría Arjona, porque igual nos enojamos y nos decimos los rencores que hemos acumulado.  No siempre han terminado en situación romántica… pero como sea, creo que nos sirven para desahogarnos y dejar  salir la presión que, a la larga, nos puede lastimar más.

En algunas ocasiones, no vamos a cenar, sino que vamos al cine o a alguna exposición.  Tampoco importa el lugar, pueden ser los “Burritos Nuevo León”, que nos encantan desde novios, o algún restorán elegante.  Lo esencial es que vayamos los dos y que estemos dispuestos a pasar un rato a solas.

No siempre la llevamos a cabo, por los viajes de negocio, por compromisos… ha habido tiempos en los que caes en la fatal rutina… o, simplemente estás tan cansado o enojado, ¡qué no quieres ni ver a tu pareja!

  Recuerdo que al principio, más que cenar los dos, en muchas ocasiones, nos íbamos con nuestros amigos.  Pero poco a poco, como todo, se va creando la tradición y sientes la necesidad de ese tiempo de calidad y de intimidad…  te empieza a hacer falta.   Cuando las hijas estaban chicas, para estrechar nuestra relación, sin tener tanto ruido y distractores alrededor… nos recordaba que en la medida en que nuestro Matrimonio estuviera fuerte y sólido, a las hijas les iba a ir mejor… porque, nuestra relación de pareja era la base de nuestra Familia:  si nosotros estábamos bien, ellas también lo estarían.  Ahora que están grandes, porque nos recuerda a nosotros que somos lo más importante el uno para el otro… nos recuerda que él es el Amor de mi vida y que yo soy el suyo.

         Así que querid@s lector@s, yo les doy este consejo, como a mí me lo dieron hace tantos años,  a todas las parejas de cualquier edad: realicen una cena para dos una vez por semana, ¡su relación, su Familia y hasta la Sociedad, se los agradecerán!

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desdemihogar@hotmail.es

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