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El camino difícil es el correcto

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Como todo en la vida, en la política hay dos caminos para destacar. Yo escogí la vía más compleja, la del trabajo: ayudé al partido representándolo en las casillas, como capacitadora, haciendo campaña por nuestros candidatos. Después de muchos años, tuve el privilegio de servir al PRI y a los leoneses como regidora y luego a los guanajuatenses desde una diputación local.

Estos cargos no fueron gratuitos, detrás de ellos había mucho trabajo y esfuerzo, jornadas enteras dedicadas a la política, porque así lo dicta la vocación. Toda esa lucha estuvo acompañada por el cariño, comprensión y ayuda de familiares, amigos y colegas con quienes compartí siempre el gusto por servir a los demás.

Serví a mi partido también como secretaria General del PRI en León, y más tarde como presidenta del Comité Directivo Estatal.  El espíritu de lucha que me llevó a abrir brecha a favor de las mujeres en política, me impulsó tiempo después a competir por la Alcaldía de León. No fue una tarea sencilla: enfrenté la violencia de todo tipo… pero salí adelante.

Años más tarde lo intenté de nuevo y, gracias al trabajo de todo mi equipo y a la confianza de los leoneses, me convertí en la primera mujer en la historia en gobernar León, la ciudad más grande de Guanajuato y una de las más importantes del país.

La tarea de gobierno no fue sencilla. Además de lo complicado que resulta administrar un municipio tan complejo, enfrenté a la maquinaria panista en todos los frentes: desde el gobierno del estado, el Congreso local, el propio Ayuntamiento. Guerra sucia en redes sociales, descalificaciones, violencia. Mentiras y acusaciones infundadas, impulsadas desde las instituciones con el objetivo de acabar con mi carrera política.

Al PAN le dolió que el PRI le arrebatara León. Al PAN le dolió que una mujer les ganara.

Todavía esas mentiras y acusaciones infundadas tienen eco en las mentes obtusas, esas que se dejan envenenar fácilmente, esas que creen todo lo que les dicen cuando se trata de denostar a alguien más. Y lo repiten como merolicos, sin detenerse a pensar siquiera qué hay detrás de lo que, tan convencidos, aseguran.

Lejos de doblarme ante las campañas cargadas de misoginia, representé una vez más a mi ciudad y estado desde el Congreso federal. Lamentablemente, el PRI, el partido al que entregué todo, me cerró las puertas para seguir sirviendo a los guanajuatenses.

Sigo convencida, sin embargo, que en la política el camino más largo y difícil es el correcto.

¡Nos leemos la próxima semana!

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