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BROMAS MORTALES

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No cabe duda que hay gente muy sensible a las bromas y los chistes. En ocasiones, responden con un gesto de enojo o bien, se retiran de la reunión donde impera el humor negro… también hay quienes se lo toman demasiado en serio. Tanto, que incluso llegan a las amenazas de muerte o el asesinato.

Uno de los casos más recientes ha sido el de Nazar Mohammad, el cómico afgano que se mofaba sin reparos del régimen Talibán en videos que él creaba y producía. La semana pasada los extremistas le cortaron la garganta.

Desgraciadamente, el caso no es el primero.

Los regímenes dictatoriales a los que no les agrada el humor existen desde inicios del siglo XX, y el ejemplo más típico son los nazis. En la década de los años treinta, antes del ascenso de Hitler al poder, los comediantes judíos tenían mucho éxito en los cabarets y teatros. Sus nombres eran Kurt Gerron, Max Ehrlich o Paul Morgan. Su suerte no fue nada chistosa, pues fueron enviados a campos de concentración, donde leales a su vocación, siguieron actuando en las más infrahumanas condiciones. Sus historias están en el libro “La risa nos hará libres: cómicos en los campos nazis”. No cabía la menor duda que si algo no tenía el nazismo, era sentido del humor.

Saddam Hussein fue otro dictador que no le hacía gracia nada. En el artículo “Cuando la comedia política es caso de vida o muerte” publicado por la BBC el 6 de febrero de 2017, se cuenta la anécdota del comediante Mahir Hassan, que contó su chiste favorito: “Va Hussein a una convención de ciegos en tiempos del ataque estadounidense, y dice: si Dios quiere, verán nuestra victoria”. Lo que hizo Saddam fue perseguir al humorista y a todo su elenco y dando la orden de ejecutarlos a él y su elenco, entre ellos el actor Goran Faili, que se parecía al dictador y actuaba exagerando sus ademanes. Para la suerte de Hassan y su equipo, realizaban sus mofas desde el Norte de Irak, que estaba bajo el control kurdo.

Los casos de dibujantes amenazados han ocurrido en todo el mundo, y México no es la excepción. Una anécdota la protagoniza Eduardo del Río, quien fuera el genial monero conocido como “Rius”.

El dibujante cuenta que, el 29 de enero de 1969, cuando publicaba su revista “Los agachados”, dos hombres lo interceptaron en la calle para llevarlo en un vehículo al Nevado de Toluca, muy cerca de un campo militar. Una vez allí, le dijeron que lo iban a fusilar por criticar al entonces presidente, Gustavo Díaz Ordaz. Afortunadamente, se trató de un susto, pues los secuestradores se limitaron a pararlo ante una fosa y decirle “a la siguiente te quebramos”… El problema fue que, a partir de ese momento le trajo a “Rius” problemas cardiacos. Esta anécdota se encuentra en el libro “Mis confusiones: Memorias desmemoriadas” de su autoría.

Pero quizá, uno de los casos más trágicos y estremecedores fue el atentado a la revista Charlie Hebdo, ocurrido en París el 7 de enero de 2015. La publicación, de corte satírico y burlón a más no poder, mostraba irreverentes caricaturas del profeta Mahoma, lo que impulsó a unos terroristas yihadistas a atacar las oficinas del semanario, dejando un saldo de 17 muertos.

Los casos anteriores dejan clara una máxima: ante el humor y el ingenio, las personas intransigentes solo saben reaccionar con violencia. Bien dijo el Nobel de Literatura Darío Fo que el poder no soporta el humor, pues la risa nos libera de nuestros miedos.

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