En esta semana, sorprendió de sobremanera al mundo de la criminología, las acertadas y profundas declaraciones del Secretario de Seguridad Pública del ayuntamiento, al manifestar que las personas que fueron víctimas de los homicidios perpetrados en estos últimos días cercanos al parque de los Cárcamos, estaban relacionadas con el crimen organizado. Lo anterior después de la balacera que se suscitó en dicho lugar, con armas de grueso calibre, y cuyos afectados, como dice un Narco Corrido de un popular grupo norteño, “a leguas se les miraba que andaban en malos pasos”. ¡Es impresionante el dominio que dicho funcionario ejerce sobre el área! Toda la noche, el autor de estas breves líneas estuve considerando si deberíamos proponerlo para la siguiente entrega de los premios Nobel, por tan brillante aportación a las Ciencias de la Conducta Antisocial.
Y ya que estamos tocando el tema de sacar conclusiones en torno al uso de la lógica, el día de hoy tocaremos lo inherente a la perfilación criminal (ofender profile, en palabras de los norteamericanos), área en la cual nuestro Secretario ha mostrado mayor dominio que el mismo Vicente Garrido Genovés. La perfilación, en términos criminológicos, no es otra cosa más que el análisis conductual, lo cual forzosamente tiene apoyo en el área de la psicología, la sociología, la etnología, y otras ramas de las Ciencias Sociales, mediante el cual se trata de establecer, en base a estudios del modus operandi, los posibles autores de una agresión criminal. Se necesita un alto grado de suspicacia, y sobre todo, preparación, para poder dominar el difícil arte de la perfilación criminal, y una vez dominado, los resultados son sorprendentemente acertados. Nuestras doctas autoridades deben de ser en sumo cuidadosas, de no caer en falsos señuelos, que en la jerga policial son llamadas “cortinas de humo”, cuyo objetivo es distraer la atención del investigador para que persiga hipótesis falsas.
Y no solamente debemos de trabajar, para una adecuada investigación, en el área de la perfilación criminal, sino también es necesario avocarnos en el tema de la perfilación victimal, ya que en muchas ocasiones, conociendo el perfil de la víctima, podemos dar con los responsables de dicha victimización. En este punto nos viene a la mente aquella canción popular hace algunos años, cantada por un grupo norteño, que a la letra decía: “…La gente anda preguntando, en qué trabaja el muchacho”.
Esperemos que, aprovechando la salida reciente de la ex directora de la Academia Metropolitana de Seguridad Pública de León, de quien por cierto dicen las malas lenguas, que el motivo oculto de su salida fue la falta de acreditación de sus exámenes de control y confianza, el nuevo Director se enfoque en capacitar arduamente a sus elementos en áreas de criminología, Criminalística, Derecho e intervención en crisis psicológicas, ya que el actuar de sus elementos en estas áreas, deja mucho qué desear. El autor de estas líneas no puede evitar hacer expresiones hilarantes y sumamente cómicas, al enterarnos de la creación de un grupo especializado en investigaciones secretas, que tienen todo menos el adjetivo de “secreta”, y a quien media sociedad leonesa ubica como “grupo sombra”. Es bastante cómico tener conocimiento de un grupo de policía secreta que está plenamente identificada, poniendo en duda ese “sigilo” con el cual deben de funcionar. Consideramos que una exhaustiva capacitación en tópicos de inteligencia y contrainteligencia, aunados a técnicas de vigilancia y contravigilancia, no les vendría nada mal a nuestros amigos secretos del grupo “sombra”. Tal parece que nuestras autoridades no dan pie con bola.
Tenemos necesidad de más de once mil policías municipales en todo el Estado, sin embargo no debemos de caer en la desesperación y comenzar a egresar a policías a diestra y siniestra, con poca o nula capacitación, para quedar bien a los ojos de la crítica popular. Necesitamos no sólo más policías, sino que éstos estén preparados a conciencia, porque recuerden, como alguna vez lo escuchamos de palabras del Maestro Wael Hikal, “antes de colgar los diplomas en la pared, hay que colgarlos en el cerebro”.
Nuestra seguridad pública no puede estar en manos de personas con buenos sentimientos pero con escasa preparación, improvisando día con día, la forma en que se vencerá al enemigo social.
Necesitamos más catedráticos en las altas esferas gubernamentales y menos políticos, debemos de trabajar de la mano con más académicos y con menos parientes y trabajadores fantasmas que aparecen en nómina cobijados bajo el peso de sus apellidos.
