Los crímenes de odio son todos aquellos que se cometen contra una persona o su propiedad debido a su género, identidad de género, raza, etnia, nacionalidad, capacidad diferente, religión u orientación sexual. Por desgracia, existen en todos los rincones del mundo y en muchas ocasiones los perpetradores lo consideran un acto ‘normal’ o de ‘justicia’.

El tema es tan serio y condenable que, mediante diferentes obras de arte, algunos casos reales sirven de inspiración para plasmarse a través de pinturas, canciones, películas, obras de teatro y novelas. Uno ejemplo es en el libro ‘Eso’ de Stephen King, que entre las escalofriantes hazañas del payaso Pennywise, el famoso escritor de terror recoge un asesinato por homofobia que ocurrió en su tierra natal, cimbrando a la sociedad de su época.

Que el mes del orgullo a punto de terminar, sirva para evocar este caso, pues nada justifica un homicidio. Menos los prejuicios y el odio.

ENTRE VERDAD Y FICCIÓN

‘Eso’ es la más famosa novela de Stephen King, en la que un grupo de niños, convertidos en adultos, luchan contra la personificación de la maldad en el pueblo de Derry, que asume la forma de un siniestro payaso cuya influencia infecta a todos los ciudadanos.

Una de las escenas más indignantes es cuando un joven abiertamente gay llamado Adrián Mellon está con su pareja, cuando de súbito llegan unos hombres a agredirlo. Después, lo golpean hasta dejarlo agonizante. Por si todo eso no fuera suficiente, lo arrojan al río donde se topa con el villano principal del libro.

Pudiera parecer ficción, pero salvo la presencia del payaso, todo ocurrió en realidad, aunque con otros nombres. Stephen King (padre de una mujer lesbiana), quien siempre ha simpatizado con ideas liberales, supo del caso y le impactó tanto que lo incorporaría en su obra maestra, reconociendo de forma abierta su indignación.

Así fue como ocurrieron los hechos:

El verdadero Adrián Mellon se llamaba Charlie Howard. Nacido en 1961, fue un caso inusual para su época, pues desde niño aceptó que era homosexual. Pese al acoso escolar, nunca negó sus preferencias y decidió mudarse a Bangor, Maine; lugar donde ocurren gran parte de las novelas de King.

Aunque Howard padecía asma, llevaba su vida con total libertad, pese a agresiones muy directas, como la vez en que unos vecinos estrangularon a su gatito. A inicios de los años ochenta tenía 23 años y un novio de nombre Roy Ogden.

La fatalidad llegaría el 7 de julio de 1984, cuando Roy y Charlie caminaban por la avenida principal del pueblo y unos muchachos de secundaria comenzaron a gritarles insultos homófobos desde un coche. Eran Shawn Mabry, Jim Baines, Daniel Ness (de 16, 15 y 17 años respectivamente), quienes estaban ebrios tras comprar cerveza con identificaciones falsas.

Siguieron a la pareja hasta el río Kenduskeag. Aunque Roy corrió, Charlie fue golpeado durante varios minutos. Después lo arrojaron a las aguas, a pesar de sus súplicas. Debido a su asma murió ahogado, tal como lo dictaminó el forense.

Aunque fueron detenidos, los asesinos eran menores de edad, por lo que les dieron una pena mínima y salieron de la cárcel al cumplir 21 años.

Además de King, el asesinato de Charlie inspiró al poeta Mark Doty para escribir el poema «El descenso de Charlie Howard». Aunque el ayuntamiento de Bangor estableció el día de la muerte de Charlie como el de la diversidad LGBT+ y construyó un monumento en su honor, en mayo 2011 unos vándalos lo grafitearon, pero los familiares de la víctima lo restauraron.

El caso es uno de tantos crímenes de odio que han ocurrido en la historia. Lo más macabro del caso es que en la vida real no tienen que haber ni payasos inmortales, chicas con poderes psíquicos, fantasmas o vampiros. No. La maldad humana es mucho más visible y aterradora.

Hay otra novela de Stephen King, que actualmente es una película y también se basa en casos reales, pero de ello hablaremos el próximo lunes.

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