En el marco del Día Internacional de la Enfermería que se celebra hoy 12 de mayo, el arzobispo Alfonso Cortés Contreras expresó una cordial felicitación a las enfermeras y enfermeros que, con gran esfuerzo y con muchos sacrificios, realizan al asistir a los enfermos no solo técnica o científicamente, sino también desde la ternura de su corazón.

Los tiempos actuales nos han enseñado qué tan importante es su labor. Una obra silenciosa pero magna que requiere ser reconocida. Diariamente nos percatamos de su valentía y sacrificio, de su responsabilidad y compromiso, de su amor y ternura con la que se dirigen a los enfermos siendo ustedes los de primera línea en el acompañamiento del sufrimiento causado por la enfermedad, destacó.

“Ustedes, queridos enfermeros y enfermeras, han elegido una vocación muy particular que los pone en relación con una de las situaciones más álgidas del hombre: su sufrimiento y su fragilidad. Viven con ellos situaciones cruciales de su existencia. Innumerables son los enfermos que pueden recordar, y que con responsabilidad y caridad auxiliaron, muchos de ellos tristemente murieron y muchos otros siguen con vida… todos ellos, sin duda, están agradecidos a sobremanera con ustedes”, enfatizó.

El pastor católico indicó: “la enfermedad es una experiencia que se manifiesta en lo cotidiano de la vida y significa uno de los sufrimientos más grandes que puede vivir quien la padece, así como las personas cercanas a ella. Esta experiencia nos enseña también hasta qué punto es frágil nuestra vida.

Mensaje por el Día de la Enfermería

A pesar de lo abrumador que es el sufrimiento por la enfermedad, los invito a vivir con paciencia y ternura; que sean esos buenos samaritanos en los hospitales y en los hogares donde haya un enfermo, que se conviertan en heraldos de la esperanza”.

También los invito a afrontar la enfermedad y el sufrimiento del paciente, desde el amor de Dios. Solamente con nuestro corazón inmerso en el amor de Dios es como se puede acompañar, afrontar y vencer la prueba de este sufrimiento.

Los relatos evangélicos nos dan dato de dos personas que auxilian a Jesús en su sufrimiento de la cruz: el Cirineo y la Verónica. El Cirineo se encuentra casualmente con aquel acontecimiento y es obligado a cargar la cruz; carga la cruz, quizá con cierto enojo y repugnancia, sin embargo, inmediatamente comprendió que era una gracia ayudar a Jesús a cargar su pesada cruz y socorrerlo. Él sabe que al cargar la cruz de ese hombre sufriente le dará un sentido nuevo a su vida.

Por su parte la Verónica, al ver ese rostro casi deformado por el sufrimiento y el dolor, busca ayudarlo en un acto de verdadero amor. No le importa cuánto pueda sufrir ella por ese acto de amor. Pero algo es cierto: la Verónica ve en ese rostro humano, maltratado y lastimado, el rostro amoroso de Dios, a quien solamente se ve desde el corazón.

Queridos enfermeros y enfermeras, los invito, desde la contemplación de estas dos imágenes del Cirineo y la Verónica, a vivir su vocación de la misma manera, ayudando a cargar la cruz del sufrimiento a los enfermos y a ver en ellos el rostro de Dios.

ESCRIBE UN COMENTARIO