
Los tiempos actuales nos han enseñado qué tan importante es su labor. Una obra silenciosa pero magna que requiere ser reconocida. Diariamente nos percatamos de su valentía y sacrificio, de su responsabilidad y compromiso, de su amor y ternura con la que se dirigen a los enfermos siendo ustedes los de primera línea en el acompañamiento del sufrimiento causado por la enfermedad, destacó.
“Ustedes, queridos enfermeros y enfermeras, han elegido una vocación muy particular que los pone en relación con una de las situaciones más álgidas del hombre: su sufrimiento y su fragilidad. Viven con ellos situaciones cruciales de su existencia. Innumerables son los enfermos que pueden recordar, y que con responsabilidad y caridad auxiliaron, muchos de ellos tristemente murieron y muchos otros siguen con vida… todos ellos, sin duda, están agradecidos a sobremanera con ustedes”, enfatizó.
El pastor católico indicó: “la enfermedad es una experiencia que se manifiesta en lo cotidiano de la vida y significa uno de los sufrimientos más grandes que puede vivir quien la padece, así como las personas cercanas a ella. Esta experiencia nos enseña también hasta qué punto es frágil nuestra vida.
Mensaje por el Día de la Enfermería
A pesar de lo abrumador que es el sufrimiento por la enfermedad, los invito a vivir con paciencia y ternura; que sean esos buenos samaritanos en los hospitales y en los hogares donde haya un enfermo, que se conviertan en heraldos de la esperanza”.
También los invito a afrontar la enfermedad y el sufrimiento del paciente, desde el amor de Dios. Solamente con nuestro corazón inmerso en el amor de Dios es como se puede acompañar, afrontar y vencer la prueba de este sufrimiento.
Los relatos evangélicos nos dan dato de dos personas que auxilian a Jesús en su sufrimiento de la cruz: el Cirineo y la Verónica. El Cirineo se encuentra casualmente con aquel acontecimiento y es obligado a cargar la cruz; carga la cruz, quizá con cierto enojo y repugnancia, sin embargo, inmediatamente comprendió que era una gracia ayudar a Jesús a cargar su pesada cruz y socorrerlo. Él sabe que al cargar la cruz de ese hombre sufriente le dará un sentido nuevo a su vida.
Por su parte la Verónica, al ver ese rostro casi deformado por el sufrimiento y el dolor, busca ayudarlo en un acto de verdadero amor. No le importa cuánto pueda sufrir ella por ese acto de amor. Pero algo es cierto: la Verónica ve en ese rostro humano, maltratado y lastimado, el rostro amoroso de Dios, a quien solamente se ve desde el corazón.
Queridos enfermeros y enfermeras, los invito, desde la contemplación de estas dos imágenes del Cirineo y la Verónica, a vivir su vocación de la misma manera, ayudando a cargar la cruz del sufrimiento a los enfermos y a ver en ellos el rostro de Dios.