EPÍGRAFE:
El uso patrimonialista del poder, será otra de las cuestiones que abandere con mayor firmeza el PRI, pues el cacicazgo impulsa al caudillismo, enemigo mortal de las instituciones.
El PRI, tiene en su haber una función muy importante en la pacificación del país, al término del movimiento armado de 1910, así como el fortalecimiento político para arribar a la época de las instituciones, entre las cuales se encuentran los propios partidos políticos.
Los partidos no constituyen un fin en sí mismos, porque son instrumentos para objetivar en la sociedad conductas éticas que habrán de cristalizarse en mejores niveles de vida de la población. Por eso, nuestro país, se comprometió con un sistema democrático que tiene como finalidad el constante mejoramiento económico social y cultural del pueblo. Ese y ningún otro, constituyó el objetivo fundamental de la creación del PRI en año de 1929.
La Constitución de 1917, contiene un proyecto de país, apoyado en la justicia social. Por tanto, es compromiso insoslayable del PRI, apoyar la vigencia del la Constitución, de manera especial los artículos 3, 27 y 123, que contienen garantías sociales. Las constituciones burguesas anteriores a la nuestra, tienen como finalidad esencial garantizar la propiedad. Ésta constituye el objetivo supremo; en cambio, a partir de la Constitución de 1917, a las garantías individuales se agregan las de corte social, que habrán de impulsar la justicia social.
El derecho a votar y a ser votados, se garantiza en la medida que existan canales de expresión para que se manifiesten las distintas corrientes del pensamiento. Es evidente que las ideologías, dentro de un marco de vigencia ético, tienen sus instrumentos de lucha para acceder al poder. Es por lo tanto oportuno, valorar los resultados de las alianzas entre partidos, a través de las cuales se diluye el compromiso ideológico y se prioriza el pragmatismo, que poco tiene que ver con la ética de valores que dio sustento al sistema normativo de la Constitución vigente.
El uso patrimonialista del poder, será otra de las cuestiones que abandere con mayor firmeza el PRI, pues el cacicazgo impulsa al caudillismo, enemigo mortal de las instituciones.
Un partido revolucionario e institucional, debe tener como prioridad fortalecerse a sí mismo y negociar con los otros partidos, la defensa ante el pueblo, de sus propias ideologías, para que los gobiernos sean expresiones fieles de la pluralidad ideológica de la población y no simuladores de la democracia, cuya conducta los llevará irremisiblemente a la ruina.
