En el pasado, los carritos de madera, los trompos y los yoyos eran los juguetes consentidos de los niños. Ocurría lo mismo con las figuras de latón, y los infaltables caballos de palo que engalanaban los recreos en todas las escuelas. Hoy en día, se trata de una tradición que cada vez se va perdiendo.

Incluso, hasta mediados de la década de los ochenta del pasado siglo, era común ver infinidad de puestos de juguetes tradicionales de madera o de latón, pero hoy en día son cada vez menos. Tanto la tecnología como la globalización los han desplazado. En la actualidad, uno de los contados lugares donde se pueden encontrar estos juguetes es en la planta alta del Mercado Aldama.

Una de las comerciantes dedicadas a la venta de estos juguetes es Luz María Yolanda Rodríguez, que vende juguetes de madera. Ella se surte de Michoacán y otros lugares de la república. Tiene treinta años dedicado a este oficio. Con orgullo, dice que toda su vida ha sido comerciante.

“Con el paso del tiempo se empezaron a dejar de vender estos juguetes. Los modernos los desplazaron. Yo jugaba con estos de niña, pero la tecnología los ha hecho a un lado. Yo creo que se deben de apreciar, por todo el trabajo que cuesta realizarlos”, señala la mujer que actualmente tiene 75 años de edad.

“El valero, el trompo, son dos de los juguetes que, pase lo que pase, siempre van a llamar la atención. Esos son los juguetes consentidos de todos los niños, hay de todos los precios: desde trompos de 50 pesos, hasta carritos de sesenta pesos; varía el costo pero hay para todos los gustos. Aquí, en la planta alta del Mercado de la Soledad, se pueden encontrar”, dice Luz María Yolanda Rodríguez.

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