Y para terminar con las elecciones literarias de mis alumnos que me han costado mi paciencia y cordura, finalizó con “Cartas de amor a los Muertos” de Ava Dellaira, que ante la conmovedora exposición que hizo la alumna que lo recomendaba (Frida), parecía una excelente opción para leer.
Recuerdo que una semana después de haber sido el más votado, algunos alumnos me preguntaron si ya había comenzado a leerlo y si no había llorado. Ante estas declaraciones me dispuse a leerlo de inmediato al lado de una caja de pañuelos desechables que no usé nunca. ¡¿Por qué lloraban mis alumnos con las insulsas cartas que una adolescente de 15 – 16 años (no sé por qué nunca me acuerdo de este dato con exactitud), le escribía a un montón de artistas muertos contándoles su común y corriente vida?!, ¿era yo el ser más insensible del planeta?, ¿por qué este libro me recordaba incesantemente a “Las ventajas de ser invisible” solo que versión femenina?
Sinopsis: “Todo comienza con un trabajo para la clase de Literatura: escribir una carta a una persona muerta”, eso dice la contraportada, claro, después de la elogiosa opinión de Stephen Chbosky, quien fue el mentor de Ava para escribir este libro. Y por si ya olvidó quién es este señor, ¡oh, sorpresa!, es el escritor de “Las ventajas de ser invisible”, ¡qué coincidencia!
Vayamos pues a la trama: Laurel, nuestra adolescente en cuestión, comienza a escribir y escribir y escribir cartas a Kurt Cobain, Janis Joplin, Amy Winehouse, entre otros, (¿por qué escribirle a muertos comunes si puedes escribirle a un montón de celebridades excéntricas?) contándoles todo lo que le ocurre a raíz de que entra a una escuela nueva para tratar de reponerse de la muerte de su hermana mayor que será el misterio a descubrir. En esta misma escuela tendrá nuevos amigos y novio y contacto con el alcohol, las drogas, etc., etc., etc.
Y sí, ahí estaba yo leyendo esto, a punto de aventar el libro frente a la ruta 54 para que fuera atropellado y muerto, pero recordé que me faltaba escuchar a mis alumnos, ¿por qué los hacía llorar?
Y llegamos a la clase donde era momento de comentar. Una clase libre donde no se obligaría a nadie a leer el libro y mucho menos a opinar. Así que de más o menos 45 alumnos se quedaron menos de 15, lo que dio oportunidad a reunirnos en un pequeño y cercano círculo alrededor del escritorio, donde antes de vomitar sobre el libro, decidí escuchar, y… ¡wow!, mis alumnos me dieron la lección literaria más importante de mis 10 años como maestra y que ha inspirado estas tres últimas columnas: Hay libros que se leen solo con el corazón. Y entonces solo escuche: había tanta vulnerabilidad, tantas dudas y soledad, tanta necesidad de ser escuchados, tantos miedos y duros aprendizajes en el camino, tantas hermanas mayores sintiendo el peso de ser el ejemplo para los más chicos de su casa, tantos papás ausentes porque a veces no les da para más. Había tanto en la ficción y en la realidad, y este libro había tenido la fuerza para levantar ese tsunami de emociones. Este “pinchurriento” libro que yo quería asesinar me había dado la oportunidad de escuchar y ver a mis alumnos como nunca. Y nos sentimos más vivos y cercanos…
Puedo destrozar el libro desde lo estrictamente literario, pero no desde lo que logra mover, y por eso amo la literatura. La pregunta ahora es si usted está dispuesto a entrar en el tsunami, y a veces, solo leer con el corazón.
Correo: lidia.almanza.orozco@gmail.com
Twitter: @LibrosLidia
