¡Parecería increíble! ¡Simplemente de no creer! México se desmorona, ante la indiferencia de millones de mexicanos que no les interesa en lo más mínimo lo que pasa en el país. Solamente parte de la clase media está preocupada y tibiamente ocupada por lo que viene. La reforma judicial, representará un antes y un después para la nación.
Esa locura llamada reforma judicial, que tiene como finalidad acabar con la corrupción imperante en dicho poder, no es más que el propósito de violentar la intromisión del ejecutivo en el judicial, cómo lo ha logrado en el legislativo. El sueño de todo dictador, por entrometerse e imponer su voluntad en los otros poderes, es una realidad.
Hoy en día hay muy pocas revoluciones. Por medio de las reformas, se avanza sin necesidad de las armas, aun cuando la violencia impera de manera lenta y sangrienta, ante el escalofriante desafío que representa para millones de ciudadanos las reformas que destruyen y rompen el orden constitucional.
Es lo que estamos viviendo los mexicanos en este momento. Los acuerdos y pactos de políticos y partidos políticos, con la única intención de cambiar el régimen político para obtener beneficios personales, en aras del supuesto interés social y darles a los pobres el poder, que nunca han tenido y nunca tendrán, es el discurso político de la 4T.
Estamos viviendo los mexicanos momentos inéditos, seguramente por ello, muchos están pasmados, sin entender bien a bien lo que sucede. Ni siquiera los propios profesionales de la política, esos vividores que se auto nombran representantes del pueblo, saben y entienden lo que pasa. Reaccionando a rebote pronto y dejándose aglutinar por la vía que representan, el oficialismo o la oposición.
Lo tratare de explicar: En teoría, el reformador que desee introducir cambios de importancia en la estructura socioeconómica y en las instituciones políticas tiene ante sí, dos amplias estrategias. Una de ellas lo llevaría hacer conocer todas sus metas desde un primer momento y presionar en favor de mayor de ellas, en la esperanza de obtener el máximo factible.
La otra estrategia es la del enfoque de “el pie metido en la puerta”, de ocultar sus intenciones y objetivos, separar las reformas unas de otras y tratar de imponer un cambio por vez. El primero es un enfoque amplio; el segundo es de incremento, “ramificado”. En distintos momentos de la historia los reformadores intentaron uno u otro. Los resultados de sus esfuerzos sugieren que en la mayoría de los países sometidos a las tenciones y disensiones que implica la “modernización”, el método eficaz de reforma es una combinación de la estrategia.
Es por ello, que mientras todos estamos atentos y pendientes con la reforma judicial, que, por supuesto es la más importante y sería, la más determinante en la estructura jurídica e institucional del país, por otra parte, avanza sutilmente y casi sin notar, todo lo que tiene que ver con la desaparición de los órganos autónomos.
Hoy nos encontramos en las manos de 43 políticos, que dependemos se su respuesta y decisión para que México pueda lograr una reconversión jurídica y política y no terminar en el precipicio de la seguridad nacional que representa para los Estados Unidos, equipararnos a Venezuela, como tristemente hoy en día nos ven. 43 políticos de tres partidos políticos (PAN, PRI y MC) y un independiente, para salvar una población de 130 millones de mexicanos. ¡Increíble!
¿No cree usted?
