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1972: OSCURAS OLIMPIADAS

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Actualmente, las olimpiadas Tokio 2021 están viviéndose con toda la intensidad que lo permite la “sana distancia”. Es el momento idóneo para recordar, en esta columna dedicada a los crímenes reales a lo largo de la historia, el terrible atentado terrorista que ocurrió en Munich, Alemania, en 1972, que cobró la vida de 17 personas, entre ellas los atletas israelíes.

Después de los juegos olímpicos de 1968 en México, Munich recibió la antorcha con orgullo y honor, queriendo borrar de la memoria de toda la humanidad su anterior participación, cuando el nazismo cubría Alemania. Todo apuntaba ser hermoso… pero al onceavo día de las olimpiadas, la historia cambiaría para siempre.

Corría el 5 de septiembre y los atletas de Israel llevaban a cabo sus vidas con la rutina que deberían tener, pero en la madrugada 8 terroristas ingresaron a la villa olímpica, tomándolos como rehenes. Se trataba de la Operación Ikrit y Biraam, llevada a cabo por el grupo palestino Septiembre Negro. Como era de esperarse los medios de comunicación cubrieron hasta el más mínimo detalle, lo que significaría una gran presión para Hans Klein, quien era el jefe de prensa de Munich 72.

La demanda de los terroristas fue clara y directa: o liberaban a más de 200 presos de cárceles de Alemania e Israel, o matarían a los 11 atletas tomados como rehenes. Las autoridades tenían hasta las 12:00 del mediodía.

Septiembre Negro era una facción por la liberación de Palestina. Cuando entraron a la villa mataron a balazos a los deportistas Joseph Romano y Moshe Weinberg, demostrando que no se detendrían ante nada.

La seguridad en la villa olímpica era laxa, en parte porque en ese entonces no existía en miedo y la precaución hacia el terrorismo que sí hay hoy en día. En poco tiempo los juegos se suspendieron, y todo fue una zona de guerra. La negociación se aplazó y fue con constante “estira y afloja” extremadamente tenso.

Israel negó la liberación, y aunque hubo intentos de infiltrarse al lugar, los operativos fueron en vano. Los criminales demandaron dos helicópteros, para desplazarse al aeropuerto y así irse en un avión con los rehenes. Ya era 6 de septiembre.

Una vez en el aeropuerto, la policía estaba lista para actuar.

LA TRAGEDIA

La policía creía que solamente eran cinco terroristas, pero en realidad, eran ocho. Cuando abrieron fuego comenzaría el terrible hecho.

Al darse cuenta del engaño, los criminales comenzaron a disparar. Fue a las 5:00 de la madrugada cuando uno de los miembros de Septiembre Negro arrojó una granada que dio como resultado la muerte de policías, terroristas y atletas por igual. Nadie sobrevivió.

Al día siguiente hubo un funeral para los atletas caídos. La más polémica declaración fue la de Avery Brundage, presidente del comité olímpico, quien afirmó que el evento debía continuar. Para algunos fue insensible, pero para otros, una muestra de firmeza ante alguien que no cedió ante el miedo que Septiembre Negro quiso propagar.

Sobre el tema, se puede consultar el libro “Tragedy, Terror, and Triumph at the Olympic Games”, de David Clay Large.

Israel desarrollaría, posteriormente las operaciones “Cólera de Dios” y “Primavera de Juventud” para dar caza a los responsables, pero esa es otra historia.

Las olimpiadas son sinónimo de alegría y convivencia entre las naciones. Eso es un hecho y siempre ha sido así. Esa es una máxima que ni los terroristas, ni la pandemia actual, pueden destruir.

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