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Vivió el sufrimiento y la alegría

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«Si no me hubiera atendido no tendría ningún bebé». Eso fue lo que relató Angélica Apolinar quien tuvo un embarazo de alto riesgo de gemelas y vivió en carne propia el impactante  contraste de sufrimiento y alegría por la muerte de una de sus hijas pero la sobrevivencia de Celeste, su bebé que ya tiene cerca de 6 meses de vida.

Angélica Apolinar es  diabética desde los 10 años y tuvo una amenaza de aborto en su embarazo gemelar por lo que fue paciente del CETO (Centro Estatal de Tamizaje Oportuno) ubicado en la ciudad de León en donde le salvaron la vida a su pequeña Celeste.

Compartió que desde que fue referida en su embarazo todo iba bien hasta las 22 semanas cuando le detectaron síndrome de transfusión feto fetal en donde el doctor le comentó que de seguir así los riesgos eran la muerte de las dos bebés o solo podría nacer uno pero con daño neuronal.

La única opción era una cirugía de enlace placentario en donde ella tomó la decisión de hacerse este procedimiento intrauterino porque no estaba preparada para dejarlas morir.

“Era jugársela, la cirugía estaba complicada porque una de ellas ya tenía un retraso de una semana”, incluso Celeste era la pequeña en formación que tenía la situación más complicada.

Al día siguiente una de sus bebés ya no tenía latido en su corazón y la situación de Celeste era muy complicada porque existía la posibilidad de que ella muriera. Luego de las 48 horas se superó el estado crítico pero ella duró casi un mes entero en el Materno infantil.

“Fue una situación muy difícil, me tocó vida y muerte a la vez” pues también reconoció que se puso  muy mal mentalmente, pero fue en el CETO que le dieron el apoyo necesario, ella sigue en terapia  aún.

Esta fue la primera prueba que ella vivió durante su embarazo pero una vez que se dio el parto la pequeña Celeste nació a las 35 semanas.

Todos los médicos esperaban una situación más complicada pero no necesito oxigeno directo ni incubadora.

De nueva cuenta ella duró un mes para que se la dieran de alta se estuvo quedando en el patronato. La bebé nació de 1 kilo 700 gramos y media cerca de 40 CM, cuando la dieron de alta ya pesaba 2 kilos 380 gramos y medí a 45 CM

“Me la dieron de alta y en ese momento me sentí triunfadora”, relató.

Ella es una de las pacientes beneficiadas de estas cirugías únicas en el país en donde antes de que las personas nazcan se pueden identificar riesgos y en la medida de lo posible hay alternativas para que su nacimiento se dé con toda seguridad y con la mejor salud.

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