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El valor de la universidad

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Robert Kiyosaki, autor del libro “Padre Rico Padre Pobre”, afirma que, la educación que recibió de su padre pobre fue que, para alcanzar un buen nivel de vida, se tenía que perseguir un título universitario, y hacer carrera en alguna empresa. Sin embargo, de su padre rico, aprendió sobre cómo funciona el dinero, sin la necesidad de ir a la universidad. Si bien concuerdo con este autor, en muchos aspectos, sé que la universidad aporta un valor importante a sus egresados, no solamente en términos del retorno de la inversión, sino también en términos de conocimientos y desarrollo de competencias.

Hace unos días, un conocido me platicó que, recientemente, había ido a solicitar un puesto de subgerente, que estaba vacante en uno de los establecimientos de una importante cadena restaurantera. Él, habiendo trabajado anteriormente en el mismo ramo, estaba seguro de que cumplía con los requisitos necesarios para ocupar la posición. Sin embargo, al momento de entrevistarse con el responsable de la contratación, supo que, el primero de los requisitos, era contar con un título universitario. El único puesto para el que calificaba, era el de cajero, percibiendo un sueldo mensual de 3 mil pesos.

Hace un par de días, el Banco Mundial presentó el informe “Momento decisivo: La educación superior en América Latina y el Caribe”. A lo largo de sus 300 páginas, se proporciona un panorama de la educación universitaria en Latinoamérica. Uno de los hallazgos es que, en los últimos 15 años, el número de estudiantes universitarios se ha duplicado. Esto ha sido, en parte, porque un título universitario, tiene el potencial de asegurar un mejor ingreso a quien lo posee. De acuerdo con el informe mencionado, los egresados universitarios, en 2014, ganaban, en promedio, más del doble de aquellos que solamente habían terminado la preparatoria.

Pero más allá de los beneficios económicos, de acuerdo con el informe del Banco Mundial, los jóvenes que deciden asistir a la universidad, y obtener un título profesional, desarrollan una serie de habilidades cognitivas y no cognitivas, las cuales no podrían ser desarrolladas de otra manera. Y es que, las instituciones de educación superior, se mantienen en el estado del arte, persiguiendo incansablemente, la generación – y transmisión – de conocimiento. Pero no se trata solamente de transmitir conocimiento, sino de desarrollar competencias, y es algo que también hacen las universidades. Es tan importante el saber, como el saber hacer.

Las universidades son instituciones generadoras de valor, tanto económico, como de conocimiento. En uno de sus capítulos, el informe del Banco Mundial, muestra que, el retorno de la inversión de asistir a la universidad, contra el retorno de no hacerlo, es de más del 30 por ciento. Pocas inversiones llegan a ser tan rentables; y eso solamente abordando el tema financiero, ya que el tema del conocimiento resulta complejo de valuar. Quien me contó la historia sobre la oportunidad que perdió por no contar con un título universitario, acaba de comenzar a estudiar nuevamente, con la esperanza de encontrar una mejor oportunidad de vida en el futuro cercano. Así de valiosa es la universidad.

Mi correo: gituartem@gmail.com

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