La celebración del Día de Muertos es una tradición que se niega a morir, la gente la mantiene más viva que nunca y más ahora por la pandemia que cobra vidas de todas las edades.

Gran número de personas se adelantaron a la visita de sus seres queridos en los panteones para limpiar y llenar de flores y de oraciones las tumbas por el eterno descanso de sus familiares y amigos. Muchas otras personas hicieron altares en sus casas, con las fotos y adornos florales y con los alimentos y bebidas que más les gustaban a sus padres, madres, hijos, abuelos, a quienes nunca olvidan y llevan en el corazón.

De igual manera, la gente visitó desde el viernes pasado las criptas en los templos para orar por sus difuntos y mantener viva la tradición del Día de Muertos (el 1 y 2 de noviembre), ante las recomendaciones de los sacerdotes y autoridades de salud de no hacer aglomeraciones.

En las calles de las colonias populares, los chavos banda retocaron con pintura los murales dedicados a sus amigos que se adelantaron “al más allá”, les rezaron rosarios, pero también les dedicaron bailes de sonido con todo lo que acostumbran.

Pese al avance de Halloween, en contraposición en las escuelas, en los salones y patios cívicos, los alumnos junto con sus maestros diseñaron, organizaron e hicieron altares de muertos a diversos personajes históricos, héroes, deportistas, pintores, poetas y a sus directores y profesores fallecidos.

“Los muertos no son los que descansan en paz y en tumba fría, muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía”, como dijo el poeta, señaló el profesor Antonio López.
Muchas personas jóvenes y adultos andan muertos en vida en las adicciones, en la ignorancia, en la soberbia, egoísmo, vanidad, en la pérdida de valores y de fe, en el poder político y la riqueza, aseguró.

Así como muertos en la pobreza y miseria, en la crisis existencial, etc.; necesitamos un revivir, un despertar, o renacer espiritual, moral, ético, para vivir en armonía, equilibrio personal, familiar y social, indicó.

En las calles, los niños disfrazados de diablitos, brujitas, catrinas, muertes, zombis, fantasmas de diversos personajes de terror, recorren casa, para pedir dulces o asustar.

Se realizan festejos de todo tipo, en fiestas, antros, casas, calles, unas catrinas “apantalladoras” con sus maquillajes y atuendos, los murales espectaculares y en la Plaza Fundadores la Feria del Alfeñique y de artesanías del Día de Muertos que se niega a morir; más bien, se mantiene más viva que nunca, pese a la invasión cultural del Halloween, “noche de brujas”.

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