miércoles, agosto 26, 2026
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Un relajo ir en el camión a La Patiña

Todos los leoneses han padecido el aumento al transporte público, eso es un hecho. Sin embargo, es en comunidades alejadas de la mancha urbana donde la situación es más seria, ya sea por lo mucho que tardan las rutas, por el dinero que la ciudadanía debe de desembolsar, y por el servicio ineficiente.

La Patiña es una comunidad que se encuentra pasando la zona dorada de la ciudad, después del centro comercial Plaza Mayor, y los fraccionamientos Gran Jardín y Porta Fontana. Muchas de las personas que viven en esa zona, trabajan en mantenimiento y aseo para los residentes de los distintos fraccionamientos.

Además de la Patiña, hay otras comunidades en la zona, como Hacienda Arriba o Travesaño. Todas rodeadas de caminos de terracería, árboles y riachuelos. En medio de ese paisaje, solamente pasan dos camiones: el suburbano número 111, y la ruta 76. Ambos tardan bastante (el primero hasta dos horas, y el segundo hasta 40 minutos, de acuerdo con las quejas de la gente), de modo que quienes viven en la Patiña no les queda más remedio que esperar, o en el mejor de los casos, caminar hasta los fraccionamientos y o pedir aventón. Cuando la situación económica se los permite, tomar un taxi o un Uber.
Estos son sus testimonios.

Cristina Juárez, habitante de La Patiña, trabaja en Gran Jardín como empleada doméstica. Es una de las muchas personas a quienes el aumento al transporte les ha golpeado en su bolso, pues percibe 900 pesos semanales, con el que debe ayudar a sus hijos y suministrar todo lo necesario para su hogar. “El aumento del peso no se ve reflejado. Es igual de malo y tardado que siempre”, dice.

Carlos Barrera es un joven que estudia en el centro de León. Radica en Hacienda Arriba, y para llegar a su escuela pierde hasta dos horas. Es otro de los estudiantes a quienes el aumento al transporte ha perjudicado… y que hasta el momento, no percibe cambios.

Entre la polvareda y el tiempo perdido, Ana María cuenta que el aumento de un peso puede parecer simple a primera vista, pero después de reflexionarlo, es un gasto a su escasa economía familiar. “Hacer el mandado con tan pocas rutas y con esos camiones es un relajo. Una va cargada como burra y pierde todo el día”, dice.

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