
La Patiña es una comunidad que se encuentra pasando la zona dorada de la ciudad, después del centro comercial Plaza Mayor, y los fraccionamientos Gran Jardín y Porta Fontana. Muchas de las personas que viven en esa zona, trabajan en mantenimiento y aseo para los residentes de los distintos fraccionamientos.
Además de la Patiña, hay otras comunidades en la zona, como Hacienda Arriba o Travesaño. Todas rodeadas de caminos de terracería, árboles y riachuelos. En medio de ese paisaje, solamente pasan dos camiones: el suburbano número 111, y la ruta 76. Ambos tardan bastante (el primero hasta dos horas, y el segundo hasta 40 minutos, de acuerdo con las quejas de la gente), de modo que quienes viven en la Patiña no les queda más remedio que esperar, o en el mejor de los casos, caminar hasta los fraccionamientos y o pedir aventón. Cuando la situación económica se los permite, tomar un taxi o un Uber.
Estos son sus testimonios.
Cristina Juárez, habitante de La Patiña, trabaja en Gran Jardín como empleada doméstica. Es una de las muchas personas a quienes el aumento al transporte les ha golpeado en su bolso, pues percibe 900 pesos semanales, con el que debe ayudar a sus hijos y suministrar todo lo necesario para su hogar. “El aumento del peso no se ve reflejado. Es igual de malo y tardado que siempre”, dice.
Carlos Barrera es un joven que estudia en el centro de León. Radica en Hacienda Arriba, y para llegar a su escuela pierde hasta dos horas. Es otro de los estudiantes a quienes el aumento al transporte ha perjudicado… y que hasta el momento, no percibe cambios.
Entre la polvareda y el tiempo perdido, Ana María cuenta que el aumento de un peso puede parecer simple a primera vista, pero después de reflexionarlo, es un gasto a su escasa economía familiar. “Hacer el mandado con tan pocas rutas y con esos camiones es un relajo. Una va cargada como burra y pierde todo el día”, dice.