Hoy en día, los juicios mediáticos forman parte de nuestra cultura popular. Incluso quienes no están formados en el Derecho siguen con una fascinación morbosa las sesiones en la corte, las declaraciones de los abogados y las sentencias. Casos como el de O.J. Simpson, o Johnny Depp y Amber Heard, son unos de los tantos ejemplos.

Como es de esperarse, Estados Unidos es el país donde más se difunden estos juicios. Pero, no todos son de tiempos de la televisión e internet. Algunos se remontan al siglo XIX, como fue el caso del asesinato del capitán Joseph White, cuyo proceso inspiró a escritores de la talla de Edgar Allan Poe y Nathaniel Hawthorne, autor de ‘La letra escarlata’.

Mañana se conmemora el día del abogado, y qué mejor forma de celebrarlo que haciendo un recuento de los hechos.

El caso del capitán White arranca la noche del 6 de abril de 1830, en Salem, Massachusetts. Él era un hombre de 80 años (llegar a esa edad en aquel entonces era sinónimo de mucho dinero y poder) había destacado como empresario y traficante de esclavos, por lo que tenía infinidad de enemigos. A la mañana siguiente, fue encontrado muerto por sus familiares. Los asesinos habían entrado por la ventana y lo más raro del caso era que no robaron el cofre donde guardaba lingotes de oro.

El hecho de que todo ocurriera en Salem, tierra de la quema de brujas, le dio al caso un matiz siniestro. Los ciudadanos incluso realizaron un comité de vigilancia para dar con el responsable, y todo el pueblo enloqueció durante los siguientes días, donde todos sospechaban de todos. Fue entonces que la investigación apuntó a los hermanos Richard y George Crowninshield, quienes habían hablado de matarlo. ¿El motivo? Fueron contratados por Joe Knapp, esposo de la sobrina de la víctima, Mary Beckford, quien había sido desheredada. Al tener el testamento en sus manos, creyeron que podrían modificarlo a placer, y es que White era una persona de carácter difícil que amenazaba a sus familiares con el tema de la herencia.

El juicio marcharía a la perfección, pero Richard se suicidó, creando un enorme problema legal: Según la ley, nadie podía ser condenado por ser cómplice de asesinato si el asesino mismo no había sido condenado primero.

DE CUENTO DE TERROR

El caso parecía digno de un relato de terror, tanto fue así que varios escritores lo tomarían en sus historias, como Poe.

Para el juicio se mandó llamar a uno de los mejores hombres de leyes de su tiempo: Daniel Webster, futuro Secretario de Estado.

El juicio fue cubierto por periodistas y escritores que llegaron de puntos muy lejanos de Estados Unidos. La gente abarrotaba Salem, deseosa de ganas de entrar a la corte, tal como hoy ocurre con las redes sociales. Sobre estos hechos hay amplia información en el libro ‘Deliberate Evil: Nathaniel Hawthorne, Daniel Webster, and the 1830 Murder of a Salem Slave Trader’, la página del Museo Smithsoniano y la Sociedad histórica de Nueva Inglaterra. Webster ofreció un discurso magnífico que convenció al juez y a jurado:

“Un anciano saludable, para quien el sueño era dulce, los primeros sueños profundos de la noche lo sostuvieron en su abrazo suave pero fuerte. El asesino entra, por la ventana ya preparada. Con pie silencioso recorre el salón solitario, medio iluminado por la luna; sube por las escaleras y llega a la puerta de la cámara. De éste mueve la cerradura, por suave y continuada presión, hasta que gira sobre sus goznes sin ruido; y entra, y ve a su víctima delante de él”.

Tras cinco horas de deliberación, Knapp quedó como el culpable y la sobrina de White como cómplice. El 28 de septiembre de 1830 fue sentenciado a la horca, ante una multitud de miles.

Hoy en día, se pueden recordar otros juicios mediáticos del país de las barras y las estrellas, formando parte de series y documentales. Sin embargo, no son nada nuevo. Muchos de estos casos son, literalmente, centenarios.

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