Cada día son menos los edificios históricos que se mantienen en pie
Los que sobreviven, se transforman en tiendas de ropa, pizzerías, y en el peor de los casos, estacionamientos.
Las nuevas generaciones, conformadas por jóvenes nacidos desde el 2000, quizá desconozcan que León está repleto de edificios de incalculable valor histórico.
Por sus calles hay historias protagonizadas por Pancho Villa, Francisco I. Madero, o gente que fundó movimientos históricos y culturales que dieron la vuelta al país.
Sería muy sencillo culparlos a ellos por no conocer la historia de su ciudad… pero más bien, se trata de un desinterés por parte de las autoridades.
Basta con dar un recorrido por las calles de la Zona Centro para descubrir lo que ha sucedido con el patrimonio histórico.
EL CÍRCULO LEONÉS
Mientras que en ciudades cosmopolitas como Nueva Orleáns, Paris o Londres se requiere permiso de las autoridades en materia de Historia y Cultura para realizar hasta el más mínimo cambio de un inmueble histórico. En León se venden para convertirse en negocios particulares.
Un ejemplo es el Círculo Leonés Mutualista, edificio que desde su fundación en 1901 albergó a los grupos del movimiento mutualista, cuyo objetivo era ayudarse voluntariamente, basándose en principios de la solidaridad.
Se trató de una línea de pensamiento muy popular a inicios del Siglo XX, pero que hoy en día ha caído en desuso.
Durante sus años dorados, el edificio del Círculo Leonés era un lujo exorbitante, con lo mejor que se pudiera tener de tiempos del porfiriato hasta cuando el mundo se vio asolado por la Gran Depresión, en los años 30.
Había baño turco, sauna, salones de baile, billar y biblioteca. Impartía clases de creación literaria, de canto y baile.
Aceptaba a todas las clases sociales y en su momento llegó a albergar a miles de miembros.
Era un ejemplo de clase, pero también, un recinto que aceptaba desde obreros hasta acaudalados empresarios.
Hoy en día es una tienda de ropa. En el pasado quedaron los tiempos del mutualismo, para dar paso al rampante capitalismo del Siglo XXI.
LA CASA DE LAS MONAS
Lo mismo sucede con La Casa de las Monas, lugar donde estuvo Pacho Villa y que se ha convertido en una pizzería, cuya trascendencia histórica las nuevas generaciones desconocen.
Mientras que en CDMX el Bar “La Ópera” es un destino turístico porque allí estuvo el temible Centauro del Norte, en León poco a poco se olvida.
Otros edificios, como el hogar de Juan Nepomuceno Herrera, uno de los más insignes pintores leoneses, o donde durmió Francisco I. Madero, les ha ido peor: Literalmente, ya no queda nada.
VOLVER AL PASADO
El desinterés por el patrimonio histórico es serio. Un académico e intelectual inmiscuido en asuntos históricos de León, cuya identidad optó por mantenerla en el anonimato, explica la gravedad del asunto.
Edificios como La Casa de las Monas, o la casa de la familia Díaz Infante, les cambiaron el piso.
Casos como La Parisina, en la calle Juárez, se han adaptado para el comercio, pero por fortuna la cantera está intacta.
“Es una verdadera lástima que esos patios que se hicieron para que les entrara el sol, les hayan puesto un domo. Se destinan a otro fin del que tuvieron originalmente. El círculo no tuvo un patio interior de la altura que tuvieron otros patios de León, pero los salones tenían un decorado interior increíble”.
Todo tiene un lado bueno y malo: Lo bueno es que los edificios se salvan, lo malo, que no se usen para lo que deberían.
Es decir: Una finalidad histórico-cultural, como una biblioteca, un museo, un conservatorio, un centro de investigación.
“Estamos pagando el precio de la destrucción, no sólo de los edificios, sino de las vocaciones de los edificios. Por eso, es mejor que se conserve y sea protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia… respecto a si lo está protegiendo bien, no lo sé”, explicó el entrevistado.
El problema es que se ha intentado salvar el patrimonio histórico a base de leyes permitidas, y ese no es el camino correcto.
El camino correcto sería enseñar a los dueños y a la sociedad lo que tienen en su ciudad, enseñarlos a cuidarlo. La gente debe saber lo que valen los edificios desde el punto de vista histórico y estético, además de afectivo, pues pueden tener un edificio invaluable, y no lo saben.
EL DISCRETO ARTE DE DESHACERSE DE LA HISTORIA
Deshacerse de una casa histórica y primorosa es más sencillo de lo que parece. Así lo explica el conocedor entrevistado por este medio.
El proceso es simple: En tiempos de lluvia, un dueño o agente inmobiliario le da 500 pesos a unos niños y unas pelotas.
Se suben a las azoteas, tapan los canales y en cuanto termina la temporada de lluvia hay que venderla a precio de ganga, pues se cayeron los techos y los muros se cuartean.
Cuando llega el INAH, ya es muy tarde. Por eso, el entrevistado afirma que el conocimiento y el aprecio es la base de la conservación del Centro Histórico leonés, no la prohibición, pues eso siempre significará un reto.