La vida democrática de cualquier grupo humano, no se entiende sin los partidos políticos que constituyen un logro importantísimo de los ciudadanos, para incluirse organizadamente como responsables de impulsar el desarrollo de la sociedad.
Conmemoramos un aniversario más de la promulgación de la Constitución Política y como culminación de aspiraciones de los mejores hombres del país, requiere del impulso de los partidos políticos para mantener su vigencia.
Los partidos políticos fueron concebidos como forma de vivir una ciudadanía vigorosa, capaz de impulsar la evolución de la sociedad mexicana, representante de un país, joven en el contexto de las naciones, pero prominente por el contenido axiológico de su carta magna.
Los partidos políticos deben representar dignamente las aspiraciones de los ciudadanos, que superarán la apatía y volverán a impulsarlos para defender organizadamente las instituciones. Si los ciudadanos no renuevan su compromiso de impulsar los partidos a que pertenecen, la democracia involucionará y después de una anarquía destructiva, volveremos a iniciar la senda hacia la conquista de la democracia, cuya imperfección debe movernos a solidarizarnos con ella, para hacerla el camino más seguro para mantener la viabilidad de la nación.
No hay forma perfecta para transitar por el camino del acceso a los valores, pero los partidos políticos son un buen comienzo, para abundar en logros obtenidos a partir de 1917, cuyas instituciones generadas, requieren del valor organizado de los ciudadanos, para cumplir los anhelos plasmados en la Constitución vigente.
Los yerros, desatinos y traiciones, no deben movernos a la abulia, la resignación o la desesperanza suicida, sino llenarnos de energía. Con decisión inquebrantable, fortalecer a nuestros partidos, para alentar des de ahí, la realización de las metas no alcanzadas y vigorizar al Estado, que debe fundar su fortaleza en su democratización creciente.
No debemos ser enemigos de hecho de nuestra Carta Magna, ni echar por la borda instituciones tan importantes como los partidos políticos, que fueron concebidos por el legislador para unirnos en lo fundamental, y no, para separarnos por lo accidental o aleatorio.
Los partidos han dado también, frutos generosos y descendencias luminosas de políticos dignos de un país tan grande por sus valores intrínsecos. La política debe exaltar la diversidad porque constituye la esencia del cosmos, pues sin ella, la lucha de los contrarios no impulsaría el desarrollo que interpreta magistralmente el método dialéctico.
No condenar al adversario, sino confrontar con él nuestros criterios, para que de ese diálogo brille como producto la verdad. Que el egoísmo no nos pierda, que el acuerdo en lo fundamental, alumbre la justicia como ingrediente excelso de la paz social.

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