En el devenir histórico de la lucha contra el crimen, pareciera que la sociedad mexicana está perdiendo el rumbo, en virtud de que la política criminal debe de estar dirigida a organizar la logística para el combate y prevención de la delincuencia, sin embargo, sabemos que en recientes tiempos, el índice de la criminalidad se ha disparado, lo que trae aparejado una problemática social que afecta a todos los rincones de nuestra república, pero hoy particularmente hablaremos de Guanajuato.

La problemática penal se ha entrelazado –como nunca antes lo hemos visto- con la sociedad mexicana, es por ello, que tanto sociólogos, psicólogos, juristas, criminólogos y las autoridades judiciales, deben vincularse con aquéllos que probablemente no entiendan la doctrina penal, pero que si resienten las consecuencias del crimen.

Es difícil explicar, cómo se ha afectado la esfera jurídica de los bienes tutelados de cada uno de los sectores sociales del país, llámese campesinos, empresarios, jóvenes, estudiantes, profesionistas, etc, todos estamos dentro, pero de una de una manera humilde, trataré de dar una lectura a este preocupante problema, que nos tiene en la oscuridad y en un casi-toque de queda.

En este tenor, es claro que el Estado de Guanajuato atraviesa por una crisis de inseguridad, provocada por la guerra entre grupos del crimen organizado y la poca efectividad de las autoridades encargadas de seguridad pública, lo anterior, lo vemos reflejado en las noticias donde se reporta del aumento de homicidios, extorsiones y en expresiones criminales de tipo barbarie como los multihomicidios, desaparición de ciudadanos, ejecución y ataques a los policías.

Siguiendo este hilo conductor, para entender la génesis de este fenómeno delictivo, es importante mencionar que los grupos criminales diversificaron su actividad, y pasaron de llevar a cabo actividades ilícitas “tradicionales” como el trasiego de drogas, trata de personas, robo de vehículos, narcomenudeo y el secuestro, -por mencionar algunas-, a la toma clandestina de hidrocarburos, que dicho sea de paso les deja jugosas ganancias.

Este último “negocio”, que resultó un verdadero oasis para los delincuentes, -porque invierten poco o nada y obtienen mucho-,   debemos recordar que no es una práctica nueva, pero lo que, si resulta relativamente novedoso, es la vida de lujo y de ostentosidad con la que se dan estos grupos criminales o al menos en los medios de comunicación, ya se habla más de ello.

En Guanajuato, de entre estos grupos, hubo uno en particular que comenzó a distinguirse, porque encontró en el robo y comercialización de hidrocarburos una ganancia cuantiosa que despertó el interés y la discordia de grupos antagónicos.

Debido a lo anterior, es que otros grupos criminales, -quienes han pensado que esta actividad prohibida por la ley, es una oportunidad ideal para repuntar en las actividades ilícitas-, han comenzado una guerra para quitarles el monopolio de la comisión de este delito al grupo dominante, lo que ha colocado a Guanajuato en la mira nacional e internacional, por estas vendettas.

Ahora bien, en esta partida de ajedrez, también juegan un papel importante las autoridades, – recordando que hay autoridades Municipales, Estatales y Federales, cada uno con competencias y obligaciones bien limitadas-.  Así, en materia de prevención, impartición, procuración de justicia y ejecución de sanciones, hay autoridades del fuero común y del fuero federal, todas ellas en su conjunto constituyen el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Aquí quiero resaltar que para que el andamiaje de la seguridad funcione, todas las autoridades deben de cumplir a cabalidad con su trabajo, la exigencia como ciudadanos debe ser no sólo a una en particular si no a todas, por igual.  Es fácil señalar a uno en particular y querer que este pague por los platos rotos, sin embargo, como ya lo señalé, para que este engranaje funcione, todas las piezas deben de trabajar de forma eficaz.

Al día de hoy en Guanajuato, considero que hemos fallado todos, nosotros como sociedad, y ellos como autoridad, pero es momento de aceptar responsabilidades y no de repartir culpas. En cada uno los 46 municipios del Estado contamos con diversas autoridades que en su conjunto con los demás Estados de la República conforman el Sistema Nacional de Seguridad Pública, por eso reitero que la sociedad en su conjunto debe de exigir que cada una de las corporaciones y policías cumplan con la parte que les toca, porque sólo así podremos salir adelante.

Es por eso que exhorto, a cada de las autoridades a que realicen un examen de conciencia, mirándose al espejo y reconociendo lo que han hecho bien y lo que han hecho mal, para corregir esos errores y poder implementar nuevas estrategias que redunden en la paz y tranquilidad con la que soñamos los guanajuatenses, porque creo que somos más los que amamos la tierra que nos vio nacer, y que al final del día, solamente unidos, como el gran Estado que somos, saldemos victoriosos de este gran problema social, llamado crimen organizado.

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