Es indiscutible que llega el momento para el ser humano en el que pierde el sentimiento de solidaridad para con el prójimo. Todos experimentamos pena ante el sufrimiento de animales y personas, pero cuando la ira se apodera de nosotros, iniciamos una tendencia irrefrenable hacia la violencia, entonces ha llegado el momento de lesionar, ofender, herir o asesinar a la persona o golpear inmisericordemente a un animal, hechos que en condiciones “normales” no hubiésemos realizado.

Me produjo gran interés la expresión de un prominente psiquiatra quien al referirse al comportamiento humano dijo: todos los seres humanos, somos capaces de las acciones más nobles, pero también de las más atroces. Al mismo tiempo recordé una escena de la infancia, que me impactó cuando perseguí una rata y, acorralada, no intentó huir, sino atacarme. Aquel pequeño animal me produjo una gran impresión. Ahora comprendo que si la rata reaccionó de esa manera, impactante, algo semejante pudiera ocurrir con un ser humano acorralado.

La vida moderna, acorrala de maneras distintas al ser humano. Lo económico, lo político, lo social o lo cultural, pueden ser lo mismo oasis, que convertirse en factores desquiciantes de la conducta. Pero ningún elemento es tan influyente en la capacidad valorativa del ser humano, como el dinero.

Ya un clásico dijo refiriéndose al dinero, que es la prostituta universal entre la necesidad y el objeto. Para valorar la influencia de ese factor convertido en dios, pudiéramos analizar con lupa la historia de la humanidad.

Pues bien, en nuestro país, hemos puesto a disposición de gran cantidad de jóvenes, menores de 40 años, la posibilidad de tener dinero a cambio de renunciar a la seguridad de ser respetado y respetar la vida humana, incluyendo la propia. El enorme poder del dinero, ha colocado a miles de jóvenes latinoamericanos en la tesitura de tener en un lapso de tiempo corto, riqueza que sus padres no hubieren logrado en toda una vida de sacrificios.

Ese pudiera ser el acicate que ha vuelto a miles, quizá millones en adoradores conscientes o inconscientes del dinero. Mentes ingenuas, piensan que basta una decisión política, militar o autoritaria para arrancar de las garras de la expectativa de tener dinero luego, a miles de personas que sueñan con lo que el consumismo les ofrece en: escaparates, medios de comunicación, joyas o personas, con tal que, arrodillados se postren ante el dios dinero.

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