Apasionado del básquetbol y forjador de sólidos valores familiares, Gustavo Saggiante López encestó una canasta de vida ejemplar que consolidó como el gran coach de la época áurea del baloncesto leonés.
Deportista nato, emprendedor en bienes raíces y forjador de cimientos humanos, Gustavo deja un legado indeleble para su familia, para sus amigos, para el deporte y, en especial, para el mundo del deporte ráfaga.
Desde su tierra natal, Anáhuac, Nuevo León, manifestó su afición al básquet. Una etapa de su niñez transcurrió en Morelia, donde encontró el aro del tablero de la vida. Pisó duelas de Tampico. Y su juventud transcurrió en la Ciudad de México, donde brilló con luz propia en la Selección Nacional.
Para Gustavo fue determinante su amistad con el legendario Laster Lane, el hombre baloncesto, con quien compartió como entrenador en jefe de la Selección Mexicana en el año de 1968, en el marco de los juegos olímpicos de México.
Se iniciaba así una carrera como coach que refrendó como maestro, amigo y consejero de los numerosos deportistas, no sólo del mundo del básquet, sino de otras disciplinas que orientaron su mirada hacia Saggiante, como fue conocido fraternalmente.
VIBRA LA ARENA ISABEL
Con la calidad de aquella selección mexicana del 68, el básquetbol había trascendido a nivel mundial y transitado hacia todos los rincones de México y, por supuesto, León no fue excepción y fue sede de torneos nacionales, regionales y locales.
A principios de los años setenta, la ciudad contaba con una moderna duela en la Ciudad Deportiva del Estado y la duela de la Arena Isabel, en el barrio de Santiago, que ofrecía el foro ideal para basquetbolistas y espectadores.
“Un día del año de 1972, el señor Guillermo Pons invitó a mi papá a dirigir al equipo Lechugueros del Circuito Nacional del Básquet. Nosotros vivíamos en la Ciudad de México”, recuerda Raquel, hija de Gustavo.
Para la familia Saggiante resultó una difícil decisión venir a León.
Gustavo viajó primero y, una vez instalado en León, trajo consigo a su familia, compuesta por su esposa Lourdes y sus hijas Alejandra, Raquel, Lourdes, Salomé y Gabriela.
Recordó que fue un paso difícil por provenir de una ciudad grande, pero al llegar a tierra leonesa se encontraron con amistades y fueron cautivados por las tradiciones locales como las serenatas del jardín principal, los combates de flores y, siempre, ese acento “cantadito” peculiar de su gente.
Para Gustavo era un reto llevar a los primeros lugares al equipo de casa, que entonces se armó con jugadores que hoy trascienden emblemáticos en la historia de León: Samuel Campis, José Piña, Arturo “Pitos” Guerrero, Roberto Lúa, los hermanos Chuy y Toño García, Andy Hollan, Weester, Rony Noom (quien después se convertiría en árbitro), Ayala, Alfredo Jacobo…
La hoy desaparecida Arena Isabel fungía como sede de funciones de lucha libre y peleas de box, pero se adaptó y se adoptó de manera ideal para el básquetbol. Entre su eco, cada canasta, cada grito, cada instrucción de Gustavo, resonaba entre el graderío y hacía estremecer de emoción al público.
Para Gustavo y para su familia, la ciudad de León resultó ideal para vivir.
Pronto los Saggiante se convirtieron en leoneses adoptivos y Gustavo tuvo la oportunidad no sólo de proyectar su pasión por el básquet, sino incursionar en el ámbito de los bienes raíces en lo particular.
Con su casa en León, la vida siguió para los Saggiante, entre la escuela, el trabajo, los encuentros familiares y siempre, por siempre, el básquetbol.
SE PONE LA CAMISETA DEL CURTI
Encariñado con la ciudad de León y entre numerosos amigos, Gustavo tuvo oportunidad de ingresar al mundo del futbol como directivo del legendario equipo del Unión de Curtidores.
Eran los años ochenta, cuando ingresó “como futbolista de pantaloncillo largo” dentro del Unión de Curtidores, el equipo de la franja, el equipo de la garra, que lo arropó como promotor deportivo.
Junto a personajes como Héctor Heredia, Salvador García, Pacho Cabrera, Aturo Villegas, participó en la formación del glorioso equipo que dejó historia en la ciudad. Como promotor, atrajo a jugadores como Oribe Maciel, Juan Carlos Zcentoricky. Dejó un legado como directivo.
Compartió la mística del “Cinco Copas”, Antonio Carbajal, quien ha sido un incansable promotor del deporte para alejar a los jóvenes de cualquier situación de drogas o violencia.
Una etapa en el futbol, determinante en su vida.
CON MOSCOVA DE TRÁNSITO
¿Gustavo Saggiante, director de Tránsito Municipal?
Sí. Gustavo fungió como jefe de Tránsito Municipal a finales de los años ochenta, con la invitación del gobierno municipal que encabezó Arturo Villegas.
Parecía un reto difícil de consolidar, pero al momento que se plantó en la casaca de director de vialidad, los agentes comprendieron el amplio sentido de trabajo de equipo que Gustavo promovió y que derivó resultados positivos para la ciudadanía.
Los propios agentes trascendieron en su función de servicio social y concepto grupal, de tal forma que, terminado su periodo al frente de la corporación, seguían visitando a Gustavo para saludarlo y para extender su agradecimiento.
EL BASQUET, SIEMPRE EL BASQUET
Pero el básquet siempre fue la pasión permanente y duradera para el gran coach.
En los años noventa se presentó un gran reto, ya no fungir como entrenador, sino como dueño de un equipo dentro del Circuito Mexicano de Básquetbol (Cimeba), cuando el empresario Hugo Muñoz lo animó a comprar una franquicia.
Gustavo aceptó la gran aventura, siempre bajo su mística personal de “hay que remar contra la corriente”. Fue así como surgió el equipo de Basquet Bol, que encabezó con el valioso apoyo de su hija Raquel, su fiel brazo derecho.
Otra vez la ciudad de León volvió a vibrar con la ráfaga del deporte y con los grandes encestes de basquetbolistas nacionales e internacionales. Diez fabulosos e intensos años, a partir del 2004.
CON LA FAMILIA
Ahí, en la sala de su casa, junto a su familia, Gustavo forjó su misión de esposo, papá y abuelo.
Entre la música de boleros, las notas del jazz y las baladas de Alberto Cortés, disfrutó su espacio personal, siempre junto a sus nietos que tanto amó. Uno de ellos, Pedro Alonso, heredó la pasión por el básquet.
“En mi casa nunca se pronunció una mala palabra, ni de parte de él, ni de los demás familiares. Siempre nos enseñó a nunca lastimar a ninguna persona, nos decía: nunca pisen gente en el camino, si hay gente mala, a esa la juzgará Dios”, evocó su hija Raquel.
Manifestó el amor por su esposa: “Yo estoy cada día más enamorado de tu mamá, nos decía a sus hijas”, recuerda.
Hace unos meses, los médicos le diagnosticaron cáncer, noticia que Gustavo asumió con serenidad y fuerza ante su familia.
Él nunca había tomado medicina, hasta el día que se enfermó, padecimiento que lo postró hasta su muerte el pasado sábado 6 de octubre.
Adiós a Don Gus, el hombre positivo, respetuoso y siempre dispuesto a ayudar.
Gustavo Saggiante López, descanse en paz.



