Hay juicios que destacan por una mera declaración o una defensa, y con el paso de los años se convierten en inspiración para películas y novelas. Uno de los más sonados es el caso Arne Cheyenne Johnson, conocido popularmente como “El diablo me obligó a hacerlo”, que fue la primera vez en que en Estados Unidos que en un juicio se usó el argumento de la posesión satánica como defensa.

Todo ocurrió en 1981 en Brookfield, Connecticut; cuando Arne Cheyenne Johnson vivía con su novia Debbie Glatzel en una casa que les rentaba su casero, Alan Bono. Llevaban una vida aparentemente normal y un buen día, fueron a comer a un bar y comenzaron a beber mucho más de la cuenta desde muy temprano. Después, regresaron a la casa. Arne sospechaba que Debbie y Alan sentían atracción mutua, y entre los celos y la obnubilación causada por el alcohol, sacó una navaja de 13 centímetros y comenzó a apuñalar a su casero incontables veces. Aunque primero intentó escapar, fue detenido por la policía y llevado a juicio.

Una vez en la corte, narró una historia inverosímil: el hermano menor de su novia, llamado David, había sido poseído por un demonio que se materializaba como un hombre de ojos negros, sin pupilas. Lejos de asustarse, Arne Cheyenne retó a la supuesta entidad sobrenatural, quien para vengarse entró en su cuerpo.

“Yo no maté a Alan Bono” dijo ante abogados. “Fue el diablo quien me hizo hacerlo”.

Lo que parecía un crimen pasional despertó miedo, sorpresa… pero sobre todo, suspicacia.

ENTRAN LOS WARREN

Quienes apoyaron a Arne Cheyenne no fueron criminólogos, sino unos cazadores de demonios que en ese entonces no eran famosos y hoy en día son una celebridad gracias a Hollywood: Ed y Lorraine Warren, protagonistas de las películas de “El Conjuro”.

Como era de esperarse, el juicio fue completamente mediático y fue cubierto por casi todos los medios de Estados Unidos y parte del mundo. Era la primera vez que se realizaba una defensa de esa clase.

Pasó lo que lógicamente tenía que pasar: el juez Robert Callahan rechazó el argumento por considerarlo no solo inviable, sino absurdo. Arne fue sentenciado a una pena de hasta 20 años de prisión, (sin embargo, solo cumplió cinco) mientras que los Warren publicaron un libro del caso que se vendió muy bien, titulado “El diablo en Connecticut”.

POLÉMICA PARANORMAL

Aunque los Warren gocen de mucha popularidad gracias a la saga de películas de “El Conjuro”, en la vida real han sido muy cuestionados. Hay quienes los llaman exagerados en el mejor de los casos, y en el más serio, farsantes.

Los investigadores Steven Novella y Perry De Angelis, siempre pusieron en tela de juicio sus cacerías de fantasmas, incluso fundaron la “Sociedad escéptica de Nueva Inglaterra” para comprobar que ellos no encontraban nada paranormal.

Mención aparte merece el otro hermano de Debbie, Carl y el propio David Glatzel, quien años después denunciarían el caso afirmando que en ese entonces el segundo era un niño y fueron manipulados, e incluso demandaron a los Warren por daño moral.

Sea como fuere, este año se estrena la película “El conjuro 3: El diablo me hizo hacerlo”. Quedan claras dos cosas: la primera, que a veces la naturaleza humana es peor que el más abyecto ser del infierno y la segunda, que si el diablo anda suelto, los Warren son muy malos porteros porque no le abrieron la puerta.

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