Cientos de personas, representantes de la iglesia católica y voluntarios participaron en la ceremonia del Vía Crucis, con el cual se recuerda la pasión y muerte de Jesucristo en el templo de San Sebastián, en donde por unos 40 años se ha celebrado este memorial.
Los asistentes presenciaron y recordaron la muerte del Hijo de Dios, quien hace 2 mil 25 años fue crucificado para salvar del pecado a los seres humanos, en un ceremonial que a pesar que se repite cada año, logra la participación de miles de personas.
En el templo de San Sebastián, la representación tiene la singularidad que es único en la ciudad, donde la ceremonia de las Tres Caídas es en vivo, al dar vida a todos y cada una de los personajes, gente que lo hace de manera voluntaria.
La gente se acomoda alrededor del jardín que da forma al panteón del lugar, donde los actores hacen gala de sus habilidades y de los ensayos previos, para lograr hacer los más real posible, el Vía Crucis.
Todo inicia con la decisión de Pilatos de mandar azotar a Jesús, mientras Barrabas, el ladrón es liberado y ante la presión de la muchedumbre es que se decide el sacrificio en la cruz del Hijo de Dios.
Conforme inicia el recorrido y Jesús carga el pasado madero, las personas muestran en sus rostros tristeza y algunos otros rezan, mientras los soldados romanos muestran su furia y azotan al nacido en Nazaret.
Los golpes, insultos, burlas y desprecio de parte de los militares, así como el peso de la cruz, ocasionan que Jesús caiga por vez primera, pero se levanta para llegar hasta su cita con el destino y el fin de su existencia.
El recorrido en medio del fuerte calor y los constantes azotes que recibe Jesucristo también calan en los asistentes, algunos de los cuales muestran miradas vidriosas y contienen las lágrimas, mientras algunos pequeños con su voz piden: “ya no le peguen, ya no le peguen”.
El camino cada vez se hace más complicado y la fuerza de Jesús poco a poco disminuye y por segunda ocasión cae y es levantado entre burlas e insultos por los integrantes del Ejército Romano, que insensibles, cada vez lo azotan con más furia.
Al llegar al Monte Calvario, en el lugar conocido como “la Calavera”, Jesús muestra los signos de sus últimos momentos y no puede defenderse de los soldados, que lo clavan en la cruz para humillarlo, al lado de dos ladrones y arrebatarle la vida.
Antes de morir, la madre de Jesús, María llega para despedirse de su hijo y aunque el Hijo de Dios reclama a su padre haberlo abandonado, finalmente lanza un fuerte grito y muere para lograr redimir a las mujeres y hombres de este mundo.
Así termina la ceremonia y las personas poco a poco se retiran del lugar y con su asistencia dan forma a la que es considerada la más grande e importante tradición de la religión católica.




