Gran parte de los doctos, por ello debemos entender los egresados de las universidades e instituciones de educación superior, tienen la ineludible obligación de organizarse para proteger las instituciones que hicieron posible su transformación en ciudadanos distinguidos, por los conocimientos que en muchos casos, hicieron de ellos, personajes notables o simplemente distintos por superación, con relación a los habitantes, que no tuvieron acceso a esos niveles de conocimiento.

La inmensa mayoría de los doctos, abrasaron la causa del individualismo y permanecen ajenos a los problemas que aquejan a la mayoría de la población. En ocasiones y, con finalidades de uso electoral, algunas organizaciones políticas, realizaron tímidos esfuerzos para integrarlos organizadamente a la vida política, pero los resultados fueron mínimos a lo que pudiera esperarse de ese intento.

Muchos doctos se alejaron de la actividad política, por cierta disposición en contra del Estado, a quien consideraron encarnación del mal. Algunas corrientes de opinión, le llegan a considerar instrumento para despojarlos de sus hijos, merecedor de aniquilamiento. Le vieron siempre con recelo e indigno de sus consideraciones y servicios. Debilitarlo se convirtió en un objetivo para quienes en distintas latitudes profesan el individualismo exacerbado.

Por la inseparable relación entre Estado y Derecho, se combatieron por igual y, algunos países, están en trance de cambiarlo todo, ante caminos que encuentran cerrados.

El debilitamiento de los Estados Nacionales es evidente y las consecuencias fatales, pues sucumben con facilidad ante poderes fácticos de toda índole. Al combatir las leyes y el espíritu que las inspiró, se llega a la imposibilidad de hacer cumplir la ley. Cuando el funcionario se encuentra en la imposibilidad de hacer cumplir la ley, opta por el camino libre, que es la claudicación.

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Asentada la ley del más fuerte, no se buscan principios rectores para el funcionamiento de las instituciones, sino pretextos para derribar sistemas de normas protectoras del Estado promotor de bienestar.

Renovar nuestra consideración al Estado y, por ende al Derecho, es imperativo para alcanzar la paz social con justicia. La norma jurídica es el gran descubrimiento para que sean principios rectores quienes marquen el rumbo al ser humano y a la sociedad y no la voluntad del más fuerte, pues sin organización jurídica, en torno a tendencias éticas, la vida en sociedad es imposible.

Es tiempo que los doctos asuman la responsabilidad histórica de promover la vigencia de la norma jurídica, para que apoyada en principios éticos, rescate a la especie de la violencia que comienza a asfixiarla.

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