El fraccionamiento Cañada del Real ha corrido la misma suerte que otras zonas de la ciudad que, cuando iniciaron, se creía que serían zonas apacibles, pacíficas y donde la convivencia familiar imperase… sin embargo, no ha sido así.

Cañada del Real se encuentra en el polígono de Las Joyas, en medio de las calles Cañada de Las Flores, Antonio Martínez Aguayo y Rosa María Hernández Vargas, entre maleza y terracería. En la zona, la iluminación es mala en la mañana y en las noches, por lo que los asaltos se convierten en una constante.

Los edificios que conforman Cañada del Real son aparentemente tranquilos. Como en varios conjuntos habitacionales de León, coexisten familias conformadas por personas trabajadoras, que hacen lo posible por salir adelante, sobre todo en estos tiempos de pandemia y crisis económica… sin embargo, es habitual que, como todo mundo, enfrenten varios retos.

Aunque el agua no escasea en buena parte de los edificios (lo que, desgraciadamente, no se puede afirmar de otras colonias de Las Joyas) sí falla la luz, la iluminación pública, y sobre todo, la seguridad. Basta con recordar que el 25 de junio un adolescente de 16 años fue baleado por más de tres hombres en la zona, justo en la calle Antonio Martínez Aguayo. Los reportes de detonaciones por arma de fuego también suelen ocurrir entre los diferentes módulos de los fraccionamientos. Es por eso que muchas personas optan por alzar rejas alrededor de sus hogares para evitar a los delincuentes,  o como los definen los jóvenes de la zona: “puros vatos tumbadores”.

Alrededor de los departamentos la maleza crece de manera constante. Una de los cientos de personas que transita por allí es Don Rogelio Muñoz, de 68 años de edad. Se dedica a la recolección de basura, para venderla en centros de reciclaje. Ni siquiera él se salva de la situación: “los rateros ya me han robado dos veces mi bicicleta. Pero uno nunca se acostumbra a que le roben”.

Daniela Ortega, profesora a nivel primaria, tiene cinco años viviendo en Cañada y sabe que hay puntos en los que hay que andarse con cuidado, tal como lo señala con sus palabras: “La maleza siempre ha sido un problema, porque es normal que allí es donde se esconden los rateros. El problema es que es un relajo para cortarla, porque muchos no tenemos tiempo y trabajamos todo el día”, dice.

Sin embargo, pese a las circunstancias, la gente de Cañada del Real, y de todo León, siguen la máxima de que “el trabajo todo lo vence”.

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