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¿Quiénes deben tomar la decisión?

‘Hay que respetar la voluntad del paciente’: especialista

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“Hay que aprender a respetar la decisión de los enfermos. En este momento, el problema es que las decisiones las están tomando los familiares, no otra persona, y eso está mal. Las voluntades anticipadas es respetar lo que decide el propio enfermo”.

Las palabras anteriores son de un médico conocedor: Jorge Luis Hernández Arriaga, pediatra neonatólogo y durante casi 30 años profesor de bioética de la Facultad de Medicina de la Universidad de Guanajuato. Además, promovió en su momento la Ley de Voluntad anticipada, como señala:

“El Estado tiene una Ley de Voluntad anticipada el 1 de enero del 2012. A mí me tocó la fortuna de promover esa ley (…) a todo mundo le interesó y fue que nació esta Ley”.

En varios estados, entre ellos Guanajuato, ya se tiene la ley de voluntades anticipadas. La ley, desde el 2009, dice que todos los hospitales deben tener cuidados paliativos. Esa misma ley dice que se deben de contar con servicios domiciliarios de cuidados paliativos. La propia ley señala que se debe dar, incluso, cuidados paliativos.

“Lo que está queriendo hacer el gobierno del presidente López, es que estas leyes de voluntades anticipadas se hagan a nivel nacional. Ya hay en muchos estados, y lo que se busca es una ley federal. Hasta donde sé, no se trata de una ley ni de eutanasia ni de suicidio asistido, sino de voluntad anticipada”.

El que el Gobierno Federal acepte la ley, implica que haya “billete” para servicios de cuidados paliativos, y es necesario que los haya.

Las voluntades anticipadas permiten tomar decisiones para lo que quiere o no quiere cuando esté cercano a la muerte, y en el momento en el que todavía está plenamente consciente puede decidir. “La persona toma decisiones para consigo misma. En este sentido, las voluntades anticipadas solamente es una serie de indicaciones para su médico”.

DIFERENTES TÉRMINOS

 

El especialista explica que es necesario aclarar algunos conceptos: la diferencia entre eutanasia y suicidio asistido, así como otros términos.

Aunque en su sentido etimológico, “eutanasia” quiere decir “bien morir”, actualmente se entiende como procurar la muerte a alguien cuando la muerte está cercana y de por sí la persona está sufriendo terriblemente por su enfermedad, por dolor particularmente. La muerte asistida la realiza un tercero, motivado por la supuesta misericordia, creyendo que con eso le ayuda.

La diferencia entre eutanasia y suicidio asistido está en que en el primer caso, es el tercero -es decir, el médico, familiar, amigo, etcétera- quien decide quitarle la vida, y en el caso del suicidio asistido es más bien el enfermo quien solicita ayuda a morir, precisamente por eso la palabra “suicidio”.

En ambos casos, el paciente debe de sufrir de manera considerable. De otro modo no se puede hablar ni de una cosa ni de la otra, sino de un homicidio simple. No se le puede aplicar eutanasia ni suicidio a cualquier persona.

“El asunto está en estas dos situaciones, en ambas se procura la muerte”.

En otro caso está la llamada “distanacia”, o ensañamiento terapéutico. Esto es totalmente lo contrario. En esa situación, la persona está agonizando, y tanto los médicos como la familia exigen que se prolongue la vida, aunque en ocasiones no se prolonga la vida, sino más bien la agonía, aclara el galeno.

Hoy en día, los médicos tienen las herramientas necesarias para atrasar o adelantar la muerte, por lo que ha surgido un nuevo concepto: la ortotanasia. Es decir, “morirse correctamente”. Esto consiste en respetar el hecho de que todos vamos a morir, pero no debe ser ni antes ni después de cuando nos toca.

“La ortotanasia, las voluntades anticipadas y los cuidados paliativos son tres conceptos que van de la mano”.

“En este país, lo que nos hace falta son foros para poder discutir abiertamente estos temas”, considera el médico especialista.

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