Personas de la tercera edad, integrantes de la Coordinadora Leonesa de Adultos Mayores (CLAMA) se manifestaron a las afueras de la clínica T-21 del IMSS, ubicada en el Barrio de San Miguel debido a que el hospital no les da las atenciones necesarias, y se tarda demasiado en darles citas.
Los adultos mayores llegaron desde las 11:30 de la mañana, levantando pancartas con consignas que protestaban sobre el deficiente servicio del IMSS. Su objetivo principal era hablar con las autoridades y que la ciudadanía leonesa supiera su sentir, ya que si para las personas jóvenes es agotador y molesto esperar en el seguro, para los adultos mayores es peor.
Cuatro de ellos ofrecieron su testimonio.
María Elena Romero, viuda de Villa, tiene 62 años. Tiene apnea de sueño, enfermedad en la que, durante el sueño, la respiración se interrumpe o se hace superficial. Mientras la persona duerme, o pretende hacerlo, se obstruyen sus vías respiratorias, lo que significa para María Elena un problema poder dormir.
Su situación empeora cuando tiene desde febrero pidiendo una cita, y que han dicho que no se la darán hasta que abran la clínica nueva. De momento, no puede respirar por las noches. Ha ido constantemente, con su tarjeta, y no le han dado la cita necesaria. Vive sola y hasta el momento busca la forma de ser apoyada.
Otro caso es el de José Trinidad Durán, también pensionado. Su problema es que el médico familiar lo mandó al laboratorio para atender su enfermedad del corazón. Esto sucedió en febrero, pero la cita se aplazó hasta agosto, y le avisaron que no se puede en agosto hasta nuevo aviso.
“Tengo 75 años. No he tenido un infarto, gracias a Dios, pero soy propenso. Solo espero que se me atienda pronto”.
Ricardo Orozco es otro caso. De joven trabajo cobrando en motocicleta, y actualmente es pensionado. Él tiene enfermedad cardiopulmonar. Se han tardado en entregarle sus medicinas. “Las citas son demasiado prolongadas, yo las tengo desde el año pasado. También son comunes los cambios de consultorios y los tratos poco amables”.
Finalmente, Sanjuana Ibarra, de 52 años, cuyo esposo está pensionado. Su queja es otra de tantas: los baños de la sala de esperas están cerrados y no dejan a la gente entrar.
