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Bolsas de plástico, el otro lado de la moneda

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Las bolsas de plástico, así como los popotes y vasos de unicel, significan, de acuerdo con los grupos ecologistas y muchos políticos, un problema al medio ambiente. Lo cierto es que falta contemplar el otro lado de la moneda: aquellos que obtienen el sustento diario gracias a estos artículos.

En el descargue estrella, abundan negocios y personas que se mantienen gracias al plástico, y aunque saben que es necesario encontrar alternativas ecológicas al respecto, piden comprensión a la sociedad y las autoridades.

La señora Josefina Vargas tiene 77 años y su esposo, José Arroyo, tiene también 77 años. Hace 16 años se empezaron a dedicar a vender plástico y unicel. Aunque no venden mucho, y reconocen que sus ventas son mínimas, no ofrecen mayoreo, por lo que su negocio se mantiene “bien”, a secas.

Josefina explica: “Si se limitaran las bolsas de plástico, o si, peor aún, se prohibieran, nos perjudicaría muchísimo. Aunque nosotros también estamos conscientes de que no hay que dañar el medio ambiente, así que, más que prohibiciones lo que buscamos son soluciones”.

La pareja de la tercera edad explica que venden bolsas de papel: un paquete de 100 piezas del número 2 cuesta 20 pesos, mientras que uno similar de plástico, cuesta 48 pesos el kilo.

Otro caso es el de Ángeles Enríquez, que trabaja en un negocio de venta de plásticos en el Descargue Estrella. Sobre la propuesta de prohibir plásticos, apunta que, sin duda alguna, y evidentemente, les perjudicaría, pues es lo que más se vende. Cuatro personas dependen de ella en su familia.

El señor Arroyo apunta: “hoy en día ya nos dicen que todo hace daño. El gobierno debería empezar por ver eso, porque actualmente hasta toda la comida tiene químicos y todo hace daño. Eso es algo que pasa en todos lados”.

Otro caso es el de Gerardo Albizo, él es la segunda generación de vendedores de frutas y verduras. Ofrece a sus clientes bolsas de nylon reutilizables, pero la gente está acostumbrada a las de plástico, desechables, al grado que de las que se pueden usar una y otra vez sólo vende 80 a la semana.

Está la gente muy habituada a las desechables”, apunta. Sin duda, tiene toda la razón.

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