miércoles, agosto 26, 2026
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Oídos de cantinero

YA SE SABE

En el pueblo originario y primigenio del escribano, existe un refrán genial: “A palabras de borracho, oídos de cantinero”. En el lenguaje de Jorge Luis Borges, Miguel de Cervantes y Unamuno, la expresión puede interpretarse como oír, sin escuchar; asentir, sin entender nada; comunicar, sin decir absolutamente nada; o como dicen los millennials hoy: “darle el avión” al interlocutor en turno.

Algo así sucede con las conferencias, discursos, alocuciones, decretos e iniciativas lanzadas al voleo por el ciudadano primer mandatario.

Oye, pero no escucha; percibe cosas, pero sus “otros datos” criban todo lo que le dicen. Frunce el ceño como poniendo atención, pero en realidad, divaga; y como dice Ciro Gómez Leyva, “siempre regresa “al gusano”, le pregunten lo que le pregunten. No importa.

Por eso siempre habla de la corrupción, los adversarios, los fifís, los periódicos conservadores y corruptos –como ha calificado a los dueños de Reforma- y, por supuesto, todo lo que le es adverso, es obra de los drones que le mandan a Santa Lucía para espiar la obra que todavía no es obra, pero que ya se inauguró como obra.

EL PODER ABSOLUTO CORROMPE

La máxima es vigente, pero también parece resbalarse en las paredes de Palacio Nacional. De aquí se deriva la intención de colonizar a los otros dos Poderes republicanos; estrangular a los organismos autónomos; presionar fuerte con Torquemada en el manejo de la inteligencia; e igual que Peña Nieto, emplear toda la fuerza del estado para que ingresen a la CRE la gente que no tiene la preparación. Claro, por eso su titular renuncia “por motivos personales”

Idéntico camino recorrieron los demás órganos autónomos. No se evalúa y no está permitido disentir. Pregúntese a los dormilones en las conferencias mañaneras o a los “convidados de piedra” que se tienen que fumar respuestas de 12 a 15 minutos “de gusano” cada día.

LO PREOCUPANTE

Como bien lo señala mi estimado Héctor de Mauleón, los mensajes que envía el C. presidente, no son buena señal. Desde hace 29 años, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos –CNDH- había sido anfitriona del presidente de la República, para que éste escuchara demandas, inquietudes y angustias de los mexicanos de a pie.

Esta vez el mandatario envió a una empleada a oír lo que el ombudsman tiene que decir. Él, el presidente, no. Tiene cosas más importantes que hacer, aunque se trate de los derechos humanos que desde siempre ha dicho defender.

Desalentador, ni más ni menos. El mandatario se niega a escuchar lo que la Comisión tiene que decir sobre las violaciones cometidas por la autoridad, sobre los derechos de los padres a una educación de calidad que no se resuelve con falditas. A resolver los problemas de salud, asfixiando el presupuesto y dejando sin medicamentos a quienes tienen SIDA, VIH, cáncer o problemas renales.

Dejar sin apoyos a las mamás y papás que necesitan las estancias infantiles; o lograr que las mujeres y los hombres de la tercera edad reciban una miserable pensión con 3 o 4 meses de retraso, eso tampoco importa.

Por eso Luis Raúl González Pérez se alarmó y verbalizó sus preocupaciones en torno a las decisiones del nuevo gobierno. González Pérez atendió 158 mil 960 quejas sobre estos temas. Es seguro que el mandatario tenga otros datos.

En el fondo, no hay estrategias reales, claras, alcanzables, objetivas. El titular de la CNDH fue claro: …. el combate a la corrupción y la reasignación de recursos “no puede implicar que se suspenda o se ponga en riesgo la atención que es debida a los pacientes, así como el acceso a los tratamientos y medicinas a los que tengan derecho”.

Y profundizó: Volver inoperantes los sistemas públicos de salud, implican una violación a los derechos humanos.

Todo parece indicar que la autoridad tiene “oídos de cantinero”…

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