En la cima de la contingencia por la pandemia, la reactivación social y económica ha ocupado los primeros lugares en la ocupación de la gente que ya se mueve con más regularidad en calles de León, sin embargo, con ello también, empieza el desecho de cubrebocas.

En botes de basura, bolsas de plástico, o hasta calles, parques y jardineras ya se ven los desechos de las mascarillas que hasta hace unas semanas, debían ser comunes para pensar en la reactivación.

Y es que aunque en algunos lugares, como la Zona Peatonal del Centro Histórico, su uso es necesario, al salir de ahí, empieza el proceso de deshacerse de ellos.

La gente se los quita, pues ya ni siquiera los usa en el transporte público y simplemente los abandona en donde puede.

Por ejemplo, al salir de una tienda de autoservicio donde su uso es obligatorio, se contabilizan en la calle no uno, ni dos, sino tres, cuatro o cinco cubrebocas tirados en la calle que da rumbo al lugar.

Otros cubrebocas se acumulan en pequeños espacios junto a más basura, debido entre otras cosas al consumo desechable del producto.

También en el servicio de recolección de basura se nota. Los basureros reportan ver cada vez más cubrebocas. Algunos son más conscientes y los tiran como el resto de su basura, para su recolección pero otros, simplemente los desechan donde pueden.

Así se acumula más basura sobre el ya desmedido consumo.

Todos ellos pararán en los rellenos sanitarios y con la salida de la pandemia, vendrá la reducción a basura de un producto cuya demanda dio producto a un sector de negocios.

Sus implicaciones radican en una mayor producción de desechos que bien pueden ser reutilizados.

Todos los diseños posibles a imaginarse se ven aún en las calles, con precios desde 15 a 30 pesos.

Sin pensarlo, cada vez más se piensa en tirarlos, pues la mayoría de ellos no resiste cuatro o cinco usos y no son lavables, sino más bien, están pensados para no resistir el desgaste.

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